AVISO: Este artículo puede contener trazas de SPOILERS

Decir que HBO ha vuelto a triunfar en su nueva apuesta por una serie suena a frase un tanto manida, pero es que es completamente cierta. El pasado domingo 2 de abril se emitió el último capítulo de la miniserie Big Little Lies, y todos sus seguidores nos quedamos con una carga de emociones que pasaba del vacío absoluto al saber que nunca volveremos a ver a las magníficas cuatro protagonistas juntas de nuevo, a la felicidad y el alivio al saber que todo había acabado.

Pues, Big Little Lies no es solo un nuevo ejercicio de excelencia televisiva, es mucho más. Es una serie imprescindible que además de entretener, enseña lecciones muy valiosas para entender muchos de los comportamientos de nuestra sociedad gracias a la exhaustiva radiografía que lleva a cabo de la sociedad americana, que bien puede valer para cualquier otra del mundo (de hecho, el libro original en el que se basa la serie está localizado en una ciudad ficticia inspirada en Sidney, Australia).

Estas son las razones por las que estos siete capítulos dirigidos por Jean-Marc Vallée deberían ser vistos por todo el mundo, da igual la raza o el sexo.

Porque rompe tabúes sobre el maltrato

Normalmente tendemos a creer que una mujer que es víctima de maltrato por parte de su pareja es alguien débil, con miedo y fácilmente identificable. Nada más lejos de la realidad, pues tal como demuestra Big Little Lies, también hay mujeres fuertes, decididas y con una vida aparentemente perfecta que pueden ser víctimas de un maltratador, tal como lo es Celeste, el personaje interpretado por Nicole Kidman, una abogada inteligente, guapa y a la que todo el mundo envidia, que intenta ocultar el infierno en el que vive en su casa cada vez que tiene que convivir con su marido, al que da vida Alexander Skarsgård, el cual representa a un maltratador en todas sus facetas, alguien necesitado, con miedo y que intenta minar la moral de su esposa a través de regalos y continuos piropos.

Porque demuestra que la violencia se aprende

Perry es el padre tanto de Max como de Ziggy. Sin embargo, uno es violento y el otro no. ¿Por qué? Muy sencillo, porque la violencia no es algo que se transmita genéticamente, sino que es algo que se interioriza y se aprende. Por mucho que los dos niños compartan una importante carga genética, Ziggy vive en un ambiente de amor y paz que le lleva a comportarse como un niño tranquilo y pacífico. No obstante, Max vive en un ambiente repleto de violencia hacia su madre, ejercida directamente por su padre que, aunque intentan ocultarla no lo consiguen, por eso mismo se comporta como un matón con su compañera de clase que, casualmente, también es de género femenino.

Porque demuestra que la vida sigue a pesar de los problemas

Nadie debería pasar por el trance por el que han tenido que pasar Jane (Shailene Woodley) y Celeste, pero a pesar de ello, no significa que su vida haya acabado, pues ambas mujeres saben sobreponerse a las dificultades para seguir adelante con sus vidas e intentar ser felices superando juntas los obstáculos. Una preciosa lección de fortaleza y valentía de dos madres dispuestas a todo con tal de proteger a sus hijos.

Porque Nicole Kidman está inmensa

Es verdad que ninguno de los miembros del reparto de Big Little Lies desentona, pero lo de Nicole Kidman es sobresaliente, quizá porque su papel es uno de los más complicados. Una vez más, esta australiana vuelve a reivindicar sus tres nominaciones a los Óscar, así como su estatuilla, manteniendo su estatus de mujer fuerte y guapa. Tanta es su impronta en esta serie que ya hay más de uno reclamando el Emmy que le corresponderá en la próxima gala de premios, y que parece ya estar marcado con su nombre.

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