Testigo es la opera prima de Thomas Kruithof, un thriller protagonizado por François Cluzet (Intocable, Una semana en Córcega) que trata, entre otros temas, la privacidad en el mundo tecnológico contemporáneo y el control de las altas esferas.

Cluzet interpreta a Duval, un hombre que, tras perder su empleo y enfrentarse a sus problemas con el alcohol, recibe una misteriosa oferta: un trabajo muy bien remunerado que consiste en transcribir cintas de grabaciones telefónicas. En esas escuchas descubre una trama política con muertos de por medio.

La película recuerda en algunos momentos a la también protagonizada por Cluzet Caché (Escondido) dirigida por Michael Haneke, tanto por su protagonista como en su estilo visual. La trama apela a un publico que recibirá con los brazos abiertos el tratamiento que hace de temas como la corrupción, el sometimiento del ciudadano a los poderes superiores y al control político, tan de actualidad, sin dejar escapar que nos tocan más de cerca, como el impacto psicológico del desempleo. La tensión fluctúa, consigue enganchar mientras vamos descubriendo, al mismo tiempo que el protagonista, la cara oculta de su nueva ocupación, para luego estancarse durante parte del metraje, y alcanzar de nuevo su punto álgido hacia el final. No ofrece nada nuevo al género de intriga política si recordamos cintas como La vida de los otros, Los idus de marzo o Argo.

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Fotograma de Testigo

Como no podía ser de otra manera, paralelamente al argumento principal, se incluye una subtrama amorosa, que bien parece estar pensada para justificar ciertos comportamientos del protagonista, y en ocasiones parece más entorpecer que aportar. Sin embargo, consiguen resolverla con soltura sin comprometer demasiado el tono misterioso y político.

Testigo no decepcionará a los que busquen suspense, y ofrece lo que promete, dejando al publico satisfecho, además de no aburrir con un metraje de unos 90 minutos que es más que suficiente para resolver la trama sin que sobre ni falte. Una película que no marca un antes y un después del cine de intriga, pero que aporta alguna reflexión sobre el poder y el control, y con un actor como François Cluzet, agraciado por el público desde su éxito con Intocable.

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