Con los brazos abiertos y Francia contra la integración
Tres años después de Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, vuelve Philip de Chauveron a la gran pantalla con su nuevo largometraje: Con los brazos abiertos Esta vez, pone en duda del discurso de la izquierda adinerada que se viste de Dior y aboga por el reparto de la riqueza.
Jean-Etienne Fougerole (magnífico Christian Clavier), un político progresista burgués, ofrece su casa como refugio para los favorecidos en plena campaña. Esa misma noche, una familia romaní llama a la puerta.

Lejos de hacer de la cinta una comedia conciliadora, provoca incomodidad. Philip de Chauveron y los guionistas Marc de Chauveron y Guy Laurent apuestan por un humor machista, rancio y cargado de prejuicios que acaba justificando el racismo y la xenofobia.
La decisión de Chauveron de hacer del patriarca romaní alguien bruto e ignorante, es el primer error garrafal del director. Con los brazos abiertos es una sucesión de clichés, aunque aplica una máxima: egoísmo, tacañería e interés. Pero las alarmas vuelven a sonar: el largometraje ha irritado al cineasta Tony Gatlif y a diversos colectivos asociados a las reivindicaciones de la comunidad romaní.
Jaque mate a Christian Clavier
Ni siquiera Clavier, que brilla con luz propia, se libra de las nubes provocadas por la ridiculez del filme. El cómico y actor que todo lo puede, esta vez, queda reducido a una caricatura desorbitada y torpe.
Con una Francia con más de 10 millones y medio de votos para el Frente Nacional de Le Pen en las últimas elecciones presidenciales, resulta evidente que existe un público inclinado a reírse de la integración de los inmigrantes y se opone al multiculturalismo.
Lo que podía haber sido una comedia interesante, se convierte en un retrato burdo y retrógrado que ofende al colectivo romaní y asociaciones implicadas en su integración.
Dirección: Philip de Chauveron
Reparto: Christian Clavier, Elsa Zylberstein, Ary Abittan, Sofiia Manousha






