En el sexto día del Festival de Cine europeo de Sevilla hemos tenido un desfile interesante de películas de diversa temática que logran llegarte al corazón de una u otra forma. Entre todas las proyecciones del día hemos podido ver A Fábrica de Nada, Un Sol Interior, A Ciambra, El Sacrificio de un Ciervo Sagrado, Big Big World, Just Charlie, etc. Esta última, sobre la que ya hablamos ayer, es una película sincera, que llega directa al corazón y que resulta, sobre todo, necesaria hoy día. Sí, parece que el mundo ha avanzado mucho pero en algunos aspectos, sobre todo relacionados con el respeto y la tolerancia, aún nos quedamos bastante atrás. Y Just Charlie hace eco de esa necesidad de ser uno mismo, de ser feliz y ya está, le pese a quien le pese. Su directora, Rebekah Fortune, nos dijo que la película había sido realizada con mucha pasión y poco presupuesto. El poco presupuesto no se nota, pero la pasión escapa a raudales.

Un Sol Interior, y asteroides orbitando a su alrededor

La película Un Sol Interior (Un beau soleil intérieur), es una cinta francesa dirigida por Claire Denis y protagonizada por una maravillosa Juliette Binoche. Este calificativo ni siquiera se acerca a describir lo perfecto de su actuación en el filme. Directa, sincera, oportunamente inoportuna, se trata de un retrato natural de una mujer de mediana edad que comienza a cuestionarse su vida y a las personas que giran en torno a ella. En varias ocasiones, repetidamente, Isabelle, con expresión y palabras de congoja, se pregunta por qué no encuentra el amor.

¿Qué es lo que ocurre, por qué no da con esa relación perfecta? Isabelle comienza a acercarse a diferentes hombres, a esos planetas, o asteroides que giran en su órbita y que cuando parece que están cerca vuelven a alejarse. Isabelle es honesta, siempre, cada detalle que no comparte o con el que no está de acuerdo, lo saca a la luz, no se calla las cosas, solo busca ser feliz, y encontrar a alguien que la ayude a serlo.

un sol interior

A esa edad, los hombres que se le acercan siempre vienen cargados de problemas y decepciones con las que Isabelle no quiere lidiar, y no tiene por qué hacerlo. Claire Denis nos desnuda el alma de Isabelle, nos sumerge en su intimidad y nos muestra sin artificios los momentos más íntimos y cercanos de su vida y de su relación, sexual o dialógica, con todos estos individuos que quieren y tratan de acercarse a su sol interior.

Las conversaciones son siempre sencillas y hartamente interesantes, con su punto cómico, irónico y desenfadado, y la escena final, con ese Gérard Depardieu ejerciendo de guía y orientador, de futurólogo sobre todo, para una Isabelle perdida y confusa, es todo un acierto para ejercer de cierre de esta comedia aderezada de drama que muestra esa dificultad y consecuencias de las decisiones tomadas en un mar de dudas. ¡Que nadie abandone la sala en los créditos, por favor!

Big Big World, Ali y Zuhal convertidos en Mimi y KumKum

Dirigida por Reha Erdem, Big Big World (Koca Dünya) es una película turca protagonizada por Berke Karaer y Ecem Uzun. Ali y Zuhal, son dos hermanos, huérfanos, que están separados. Zuhal está en una casa de adopción, y va a ser casada con el hombre que la adoptó. A Ali ni siquiera le dejan verla. La angustia e impotencia que llega a sentir, le hacen ir a la casa y llevarse a Zuhal a la fuerza, matando a la familia.

Big Big world, va sobre la huida de ambos jóvenes de ese gran gran mundo que es la sociedad, lo urbano, la multitud, y los problemas, en busca de un entorno más íntimo, natural, en medio del bosque. Es lo único que puede hacerse en una sociedad injusta sin soluciones, sin moral o ética. La naturaleza es neutra, provee y se mantiene al margen. Ali y Zuhal crean un hogar en medio de la nada, una nada que se convierte rápidamente en todo. Zuhal bautiza a su hermano como KumKum y a ella misma como Mimi, en esa búsqueda de una nueva identidad y necesidad de un nuevo comienzo.

big big world

Erdem crea una separación absoluta entre los dos mundos, ese de fuera, el malo, el villano que persigue a los protagonistas, y ese interior, frondoso, lleno de animales -hay mil planos detalle de todos ellos-, esa salvación tan desesperadamente necesitada. No obstante, en este universo de, llamémosle realismo mágico, los problemas no se han desvanecido del todo. Hay personas, y las personas siempre acarrean esa carga y maldición. Tanto Berke como Ecem están muy acertados en sus papeles, ella es más natural quizá, pero él tiene una actuación correcta y guía bien a su personaje. La película tiene sus momentos extraños, confusos, irremediablemente cómicos, y hay escenas que no se sabe muy bien por dónde cogerlas.

El final flojea un poco también, pero en la profundidad del bosque y las aguas, ramas y hojas del estanque hay una gran belleza, casi apagada en ocasiones y vuelta a la vida por Zuhal, por ese color que ofrece a esa nueva realidad embaucadora y en ocasiones traicionera.

Un café con… Las Nuevas Olas

Aparte de los visionados del día de hoy, y al igual que en días anteriores, hemos podido asistir a unas charlas, aderezadas con un buen café y gran compañía. Hemos podido escuchar a David Gutiérrez Camps, director de Sotobosque, acompañado de su actor protagonista, Musa Camara; también a Leonardo di Costanzo, que venía a hablarnos de L´intrusa, y por último, a Maryam Goormaghtigh, que también venía acompañada de uno de sus actores de Before summer ends.

Por hacer un resumen, ya que se dijeron muchas cosas, en relación a Sotobosque, cabe destacar que David nos contó que buscaba a alguien que no fuese un actor profesional -una nueva tendencia al parecer que hemos podido comprobar en muchas películas-, para dar más realismo y naturalidad a su papel. Musa dijo que fue difícil estar ante la cámara pero que al final todo ha salido bien y le gusta el resultado. David quería dar un tono algo más onírico al filme y que no fuera una película meramente social, algo que tuvo claro desde el proceso de escritura.

Respecto a L´intrusa, Leonardo dijo que no hay guionista más poderoso que la realidad, y que había que ponerse en la posición justa para hacer una buena representación de la misma. Mencionó que la primera versión del guion era más hablado, pero que lo suprimió para que fuese mejor a los personajes que, una vez más, no eran profesionales, algo que les hace ser más interesantes y sorprendentes según contó Leonardo. Dijo que con los profesionales había que deconstruirles para construir a los personajes y de esta forma no había que hacerlo.

Maryam, presentando un poco su película Before Summer ends, dijo que, aunque fuese un rodaje de dos semanas, toda la preparación fue un proceso largo, de unos tres años. Maryam cuenta que ella, de madre iraní, tenía la necesidad de conocer más sobre Irán, sobre su propia identidad, y en esa búsqueda comenzó ese proyecto documental. Con esa idea siempre en mente de que el proyecto les pudiera aportar algo también a los propios creadores y experimentar sobre cómo el cine puede mostrar la amistad y replantearse todas esas cuestiones no resueltas sobre la identidad.

A fábrica de nada: la empatía en una fábrica portuguesa

Con 177 minutos de duración que a más de uno han conseguido echar para atrás, A fábrica de nada consigue, sorprendentemente, entretener a los espectadores gracias a un conjunto de personajes de lo más variado. Narrando la historia de un grupo de trabajadores de fábrica empeñados en salvar a su empresa pese a la crisis en la que se encuentra inmersa. Teniendo que permanecer en sus puestos de trabajo sin ninguna labor que realizar, las tensiones con los empresarios e incluso entre los propios compañeros, comienzan a aflorar.

«Un espectro asola Europa. El espectro de su fin.» Con esta cita de la propia película se puede resumir el discurso político y social compartido por la cinta portuguesa. Pese a una fotografía un tanto deficiente, algo que parece ser costumbre en el cine portugués de temática social, A fábrica de nada se gana a sus espectadores gracias a su sentido de la empatía y a la simpatía que desprenden los principales protagonistas. Pese a la excesiva duración, el filme levanta el vuelo en su último tercio tras un desarrollo algo politizado, con un ligero cambio de tono, que aunque momentáneo, se queda en la memoria del espectador tras ver la película. Comparada por algunos con la trilogía de Las mil y una noches de Miguel Gomes, tanto por su duración como por su estilo narrativo, A fábrica de nada es un producto totalmente diferente y mucho más accesible para el público comercial. Una grata sorpresa para iniciar esta sexta jornada del festival.

A Ciambra: caída a los infiernos de un niño obligado a crecer

Con el reclamo de estar producida por el titánico Martin Scorsese, la representante italiana para la próxima edición de los Oscars narra la historia de Pio Amato, un niño de la costa italiana, que con tan solo 14 años se ve forzado a crecer más rápido de lo que debería dentro de una comunidad cuanto menos conflictiva, debido a que tanto su padre como su hermano son encarcelados.

Este coming-of-age de marca mucho más cruda y realista de lo que viene siendo costumbre en el «género» marca la segunda incursión en el largometraje de Jonas Carpignano. Pese a ser tan solo su segunda película, el director italiano demuestra una capacidad de narrar única, convirtiendo ese descenso a los infiernos de Pio en todo un espectáculo formal. Engrandecida por un montaje soberbio obra del brasileño Affonso Gonçalves, editor de prestigio en los últimos años con alguna de las cintas europeas más aclamadas por la crítica, como la Carol de Todd Haynes o el Paterson de Jim Jarmusch; A Ciambra se viene arriba con una banda sonora y una selección musical tan espléndida como aleatoria. Quien nos iba a decir que en el Festival de Cine Europeo de Sevilla llegaría a sonar hasta un tema de J. Balvin.

Con un crecimiento constante, la cinta italiana consigue romper en sus últimos minutos con un final de lo más revelador y realista posible, tras haber sido testigos de este atropellado viaje al lado del joven Pio. No sería ninguna sorpresa ver a una película como esta haciéndose con algún premio en esta edición del festival, bien a la película o bien a su protagonista. Sea como sea, A Ciambra vuelve a demostrar esa capacidad innata que tiene el cine italiano para tratar con jóvenes personajes, como han conseguido históricamente películas de la talla de El ladrón de bicicletas o la queridísima Cinema Paradiso, con un enfoque mucho más liviano que el mostrado por Jonas Carpignano. Una película con mucho que contar y con un enorme cariño a su protagonista.

El sacrificio de un ciervo sagrado: la tragedia griega de la mano del mejor director heleno de la actualidad

Con un premio a mejor guión en el pasado Festival de Cannes y las entradas para ambas sesiones de la película agotadas en la ciudad desde hace días, El sacrificio de un ciervo sagrado llegaba al Festival de Cine Europeo de Sevilla con las expectativas por las nubes. Al contrario de lo sucedido con otros grandes nombres de esta edición, la cinta del director griego Yorgos Lanthimos no decepciona lo más mínimo.

Con la simple e intrigante premisa de un adolescente decidido a arruinar la vida de un cirujano y de su familia, la película da un giro de tuerca al mito griego de Ifigenia, en el cual se pedía a la joven, hija de los reyes, como sacrificio para la diosa Artemisa. Transitando con la misma facilidad por el thriller psicológico que por el drama más puro, El sacrificio de un ciervo sagrado alcanza su máximo esplendor cuando juega con la perversión más absoluta de sus personajes. Sin ningún tipo de miedo a crear rechazo en el espectador por los límites en los que se atreve a situarse Lanthimos, la cinta cumple todo lo que promete, llegando incluso a hacer gozar al espectador con situaciones por las que en cualquier otra película no dudaríamos en sentir remordimientos.

Rozando la perfección en lo técnico, la película nos brinda una fotografía de órdago que remite por momentos tanto a la poesía visual y lúminica del mejor Terrence Malick como al formalismo más extremo de Kubrick. Rompiendo todo tipo de normas de composición cada vez que lo cree necesario, Lanthimos consigue un nivel de excepcionalidad estética poco corriente en el cine europeo, mucho más empeñado en el mensaje que en las formas. Tras películas como Alps, Canino o la más reciente Langosta, el cineasta griego alcanza aquí su máximo esplendor, demostrándose capaz de bordear los límites visuales sin excederse, y logrando cerrar la película de manera redonda narrativa y formalmente, algo que se le criticaba a sus anteriores trabajos.

No podían ser menos en este espectáculo los actores encargados de representar la historia. Volviendo a contar con un Colin Farrell a su mejor nivel, Yorgos Lanthimos suma a su lista de colaboradores el nombre de Nicole Kidman, una de las grandes damas de Hollywood y que como en todo lo que ha hecho en este último año, demuestra que está de vuelta, en mejor estado de forma que nunca. El que va a dar que hablar durante los próximos años será Barry Keoghan, actor irlandés que pese a llevar trabajando desde 2011, ha conseguido durante este año deslumbrar en otra de las películas más comentadas y disfrutadas por crítica y público, el Dunkerque de Christopher Nolan. Imprescindible también para la historia la joven Raffey Cassidy, pieza clave para el análisis de la cinta, regalándonos una de las miradas más comentadas y discutidas del curso. Y por qué no decirlo, cantando una versión del Burn de Ellie Goulding tan peculiar como encantadora.

La nota final en esta sinfonía audiovisual compuesta por Lanthimos la pone la música, esencial en los momentos más destacados de la película y consiguiendo ensalzar de manera espectacular el carácter dramático ya implícito de por sí en las imágenes. Grandiosos también los coros, elevando la sensación de tragedia y dando un toque de elegancia clásica durante el último tercio de película. En su conjunto, El sacrificio de un ciervo sagrado consigue llevar el cine europeo a otro nivel, marcando un antes y un después en la carrera de Yorgos Lanthimos, un cineasta empeñado en crecer a pasos agigantados a la vez que se permite mantener esas peculiaridades y rarezas tan europeas que pueblan su filmografía desde sus comienzos. Difícil va a ser que aparezca una película superior a la griega en estos últimos tres días de festival. Estaremos ahí para presenciarlo si sucede.

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