Hace un año que nos dejo, Carrie Fisher

Un 27 de diciembre como hoy de hace tan solo un año, nos llegaba la triste noticia del fallecimiento de Carrie Fisher, esa princesa rebelde que no necesitó corona ni trono para que todo una generación la siguiese a ciegas en esa oda a la esperanza escrita a 24 fotogramas por segundo que supuso La Guerra de las Galaxias. Casi un año después de su fallecimiento, el séptimo arte aún tenía guardado un pequeño regalo para todos aquellos que se negaban a despedir a la princesa de manera repentina y sin hacer ruido. Un adiós que nos debía. Un adiós que le debíamos. El adiós de una princesa, de una general, de un icono. El canto del cisne de Carrie Fisher.

«La esperanza es como el Sol. Si solo crees en él cuando lo ves, va a ser difícil pasar la noche».

En una de las escenas más criticadas de Los Últimos Jedi, Carrie Fisher, nuestra querida princesa Leia, convertida ahora en general, se encuentra inmóvil frente a un ventanal desde el que se vislumbran todos los problemas que vendrán a continuación. A sus espaldas, el ejército rebelde, acorralado y consciente de que el final está cada vez más cerca, corretea de un lado a otro de la nave, sin saber muy bien como revertir la situación. Es por supuesto Leia quien, pese a todo, mantiene su vista firme en el horizonte, con esa valentía que le da la experiencia. Esta vez, cuando los problemas llegan, nuestra última esperanza no es otra que ella.

El vacío del espacio y toda la leyenda construida en torno al mito de la fuerza, harán el resto para que, ante los ojos de asombro de una tripulación resignada a lo peor, todas las piezas del puzzle terminen en el sitio que merecen.

En esta secuencia de apenas unos minutos, se nos recuerda que de una u otra manera, la pieza clave de ese puzzle sigue siendo ella. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. La princesa que diese inicio a la saga por excelencia del cine, hace ya más de cuarenta años, enfundada en un vestido blanco y un peinado que tornaría en puro misticismo. La misma que ni siquiera amenazó con separar a su personaje de su persona, totalmente consciente de que cargar con el legado de un icono generacional del tamaño de su Leia no era un peso, sino todo un honor y responsabilidad para una mujer como ella, decidida a convertir cada una de sus experiencias personales en enseñanzas y lecciones para futuras generaciones.

Carrie Fisher

Carrie Fisher: delante y detrás de las cámaras

Protagonista de múltiples luces a lo largo de su carrera, pero también de multitud de sombras, Carrie Fisher no dudó en ningún momento de hablar acerca de los entresijos de su vida públicamente. Desde los destellos de una galaxia cinematográfica que la iluminó allá por donde pasaba, hasta los lugares más oscuros tras su caída en las drogas o sus trastornos bipolares. Sin embargo, nunca dejó pasar la oportunidad de sacar algo positivo de ello, tirando de su ya conocido humor en múltiples entrevistas personales.

Además de la actuación, sería la literatura su gran vía de escape a todos los problemas, dejando sobre el papel relatos casi autobiográficos como su primera y exitosa novela, Postales desde el filo, adaptada posteriormente por ella misma a la gran pantalla, uniendo así sus dos pasiones. Por el contrario, la actriz no mostró ningún interés en protagonizar la historia, ya que como ella misma dijo, «ya la había protagonizado en la vida real». Sería sin embargo su trabajo como doctora de guión (así se llama al trabajo que desempeñan aquellos escritores que cogen guiones destrozados y tratan de enmendar sus errores, en la medida de lo posible) el que la encumbraría como toda una leyenda de los guiones en Hollywood desde comienzos de los 90.

A lo largo de su carrera sumó apariciones en cintas como Cuando Harry encontró a Sally o Hannah y sus hermanas, además de créditos reconocidos como doctora de guión en películas tan míticas como la Hook de Robin Williams; el musical Sister Act, donde se encargó expresamente de mejorar el papel de Whoopi Goldberg; e incluso una de esas películas de culto entre los fans de la animación, Anastasia.

Carrie Fisher no dudó tampoco en hacer valer esa máxima de que no todos los pacientes pueden ser salvados, dejando su sello en las precuelas de Star Wars, a petición expresa de un George Lucas sorprendido por su trabajo sin acreditar en los guiones de la trilogía original, donde no dudaba en retocar diálogos si lo creía necesario. Preguntada por sus métodos para mejorar los diálogos de todas aquellas películas que solicitaban sus servicios, ella no dudaba en responder con un esclarecedor «haz a las mujeres más inteligentes y mejora las escenas de amor».

Carrie Fisher junto a Harrison Ford - Star Wars

Y quien iba a saber más de mujeres inteligentes y amores fuertes en el séptimo arte que la propia Leia, satélite sobre el que comenzarían a orbitar después heroínas de la ciencia ficción como la teniente Ripley de Alien, la Sarah Connor de Terminator o Daisy Ridley, la heredera por derecho de su legado y actual protagonista de la saga Star Wars, en el papel de Rey.

Mitad indispensable en esa pareja formada entre la princesa rebelde de toda una galaxia y el canalla a los mandos de la nave más famosa del cine, el Halcón Milenario, Carrie Fisher y Harrison Ford no dudaron en protagonizar una historia que empezó frente a la pantalla y que por un breve período de tiempo se entrelazó con la realidad, como la propia actriz desvelase en su reciente El diario de la princesa, libro nacido a raíz de sus propios diarios personales, y donde detalla múltiples anécdotas de rodaje de La guerra de las galaxias.

Durante el pasado mes de enero, semanas después del fallecimiento, no eran pocos los carteles y símbolos varios que se paseaban por las calles con la figura de Leia como protagonista, durante una de las manifestaciones más multitudinarias de este 2017, la Marcha de las Mujeres, volviendo a recordarnos una vez más el impacto y la presencia que a día de hoy sigue teniendo un personaje nacido hace más de cuarenta años. Como viene siendo habitual con los personajes conocidos, la muerte de Carrie Fisher no ha hecho más que agrandar su leyenda, formando parte de toda una imaginería popular convertida en símbolo social.

Carrie Fisher

Pese a nacer entre la aristocracia Hollywodiense (sus padres no eran otros que el cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds), a Carrie Fisher no le hizo falta tirar de apellidos para erigirse como princesa de toda una rebelión cinematográfica. Porque pese a los bandos, pese a Luke, Han o el propio Darth Vader (ejemplo de icono cinematográfico donde los haya), era Leia aquella que unía a todos los fans.

Y porque nadie en toda la galaxia, por muy muy lejana que esta fuera, ha sido ni será capaz de eclipsar en esta saga el brillo de aquella chica que, con tan solo diecinueve años, vio la posibilidad y la necesidad de convertirse a sí misma en el icono de toda una generación mecida desde la cuna con los sones de una guerra espacial a partitura de un tal John Williams. Una Carrie Fisher que desde aquel entonces empezó a construir los cimientos de un legado que, cuarenta años después, trascienden lo cinematográfico y amenazan con no acabar, dejando en su hija, Billie Lourd, todo el amor hacia la saga que ella demostraba profesar.

Un legado construido en base a la sinceridad, la honestidad, el trabajo y el humor de una mujer capaz de, como su personaje, mirar a los ojos a toda amenaza que se le apareciese por el horizonte, y de una u otra manera, hacerle frente.

Y la leyenda continuará. Porque «tenemos todo lo que necesitamos». Porque en el fondo, ella siempre fue la chispa que prendió la llama. Porque cómo no iba a serlo, si era la princesa Leia. Cómo no querría serlo, si es Carrie.

Hasta siempre, Leia. Hasta siempre, Carrie.

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