lunes 30 noviembre, 2020
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    O como diríamos en España: Se te acabó el chollo, pollo

    Woody Allen, el genio de Brooklyn. El mejor guionista de la historia. El cine hecho persona. Tantas alabanzas ha obtenido a lo largo de los años, tanta gente que le doraba la píldora tanto en prensa, como en su querida Hollywood… Pues después de su inclusión en el movimiento Time’s up, todo esto tiene pinta de que llegó a su fin.

    Time's up

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    El creador de Manhattan, Annie Hall o Match Point, entre otros filmes, ya salió escaldado de otro suceso allá por el año 1992. Hagamos un poco de memoria, empezando por, como diría Manolito Gafotas, el principio de los tiempos. Año 1978. La actriz Mia Farrow adopta a una niña coreana de 8 años llamada Soon-Yi junto con su entonces marido André Previn. Dos años más tarde, tras haber terminado su relación con el pianista, la protagonista de La semilla del diablo comienza una relación con Allen. Esta relación que comenzó en 1980 no fue sólo amorosa, sino también profesional, y supuso la aparición de la actriz en hasta un total de diez películas del guionista y director. En el año 1992, la actriz encuentra una serie de fotografías de su hija Soon-Yi desnuda en el apartamento del creador de Match Point. La noticia trasciende a la prensa, y se forma el lío. La pareja se separa y Allen, de 57 años en aquel momento, empieza una relación con la que durante 12 años había sido considerada su hijastra, 35 años menor que él. Pero Hollywood no dijo nada. Ese año incluso estrenó película (Maridos y mujeres, la última en la que Mia Farrow apareció), y al año siguiente otra (Misterioso asesinato en Manhattan), y en el 94 y 95 dos más… No pasó absolutamente nada. ¿Por qué? Porque Hollywood decidió mirar para otro lado.

    Time's up

    Paralelamente a esto (y lo que me parece más grave) fue lo que sucedió cuando Farrow y Allen se separaron. En verano de ese mismo año, una de las hijas de la actriz y el director de cine, Dylan Farrow, preguntó a su madre si el padre de ésta le había hecho lo mismo que su papá a ella. El escándalo volvió de nuevo, y hubo tensiones con jueces de por medio. Finalmente, el Dr. Leventhal dio su testimonio en el juicio diciendo, básicamente, que la niña mentía. Que era una invención debido al estrés que la niña tenía por la separación de sus padres.

    Poco a poco las aguas volvieron a su cauce, el director siguió dirigiendo sus películas y todo se normalizó, hasta el hecho de que en 1997 se casase con la que había sido su hijastra durante más de diez años. Hace tres años, la propia Dylan Farrow (me pregunto por qué no llevaría el apellido Allen) escribió una carta a The New York Times en la que confesaba que su padre había abusado de ella varias veces. Y ahí, en pleno siglo XXI y conociendo los antecedentes de este ser, nadie la creyó. Todo el mundo decidió mirar para otro lado porque, bueno, hace unas películas maravillosas. ¿Cómo vamos a culpar de algo así al creador de Hannah y sus hermanas o de Vicky Cristina Barcelona? Y si condenamos sus presuntas acciones, ¿volverá a hacer cine? ¿Nos perderemos su próxima obra maestra?

    Cuatro años han tenido que pasar desde esto, para que por fin se haya puesto el foco en este señor. El, recordemos, Premio Príncipe de Asturias de las Artes de 2002, ahora vuelve a ser el centro de acusaciones, porque esta vez (por fin) Hollywood parece que no ha puesto la mirada en otra dirección sino que la ha focalizado en este abusador.

    Este artículo lo firma su mayor fan. Admiro la capacidad de este hombre para crear una película buena tras otra, historias que nos llegan al alma o nos hacen reír, nos enamoran y nos golpean fuertemente. En total, 54 películas hasta la fecha si contamos la que está en postproducción en el momento. ¿Llegará a la película 55? ¿Estrenará la 54? Sinceramente, espero y deseo que no. Espero y deseo que se le destierre tal y como merece. Ojalá Hollywood arregle lo que durante muchos años ha silenciado. Será un paso sabio hacia un mundo más justo y un asentamiento hacia la revolución que estamos viviendo, donde el principal lema debe ser que nadie es intocable. Porque la revolución será feminista, o no será.

    Fran M. Pérez
    Licenciado en Filología Clásica y con un Máster de Guion de cine y TV, es cordobés de nacimiento. Se dio cuenta de lo enamorado que estaba del cine cuando su madre le hizo elegir entre su colección de la revista fotogramas o su cama, porque las dos no cabían en su habitación. Desde entonces tiene problemas de espalda, porque intenta tú dormir sobre la cara de Tom Cruise. Si lo intentas conquistar con A dos metros bajo tierra, American Beauty, Woody Allen o Tarantino ya has ganado.

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