Coco no es solo para los niños

Coco, la última película de Pixar que ahora sabemos que está nominada a mejor película de animación en los premios Óscar (y a mejor canción original por Recuérdame), no es «una película de dibujitos» cualquiera. Como ya sabrá el lector, Coco ambienta su historia en México y su trama se relaciona directamente con la popular fiesta del Día de muertos que allí se celebra. Según la tradición, las familias se reúnen el Día de muertos para recordar y homenajear a sus difuntos. Por lo tanto, temas como la muerte, el más allá, el recuerdo y el olvido son tratados en la película. Parece arriesgado en una historia para niños, ¿no?

Coco de Pixar

Cuando fui al cine a ver Coco, me llevé a mis primos pequeños: Daniel, de diez años, y su hermana Laura, de cuatro añitos. Era la segunda vez que Laura iba a verla, pero le gustó tanto que quería repetir. Tras evitar que me hiciera spoilers y después de sufrir el corto de Olaf, empezó la película. En Coco, en cierto momento se explica que en el mundo de los muertos, cuando una familia acaba olvidando a un difunto y ya no le recuerdan en el Día de muertos, este desaparece del mundo de los esqueletos vivientes para no volver nunca. No se detalla adónde van, si hay un cielo o un infierno, o si por el contrario no hay nada más allá. Fue tras esta explicación cuando mi primita Laura me miró y, algo preocupada, me preguntó: «¿A mi me va a pasar eso?», señalando en la pantalla al personaje que desaparecía para siempre por haber sido olvidado.

Qué responder a eso. Mi prima de cuatro años me acababa de preguntar por una de las cuestiones más profundas a las que se se ha enfrentado el ser humano a lo largo de toda la historia. Me acababa de preguntar, casi sin saberlo, qué ocurría cuando alguien moría. Me estaba preguntando si algún día nadie la recordaría, si algún día su vida iba a ser olvidada por completo. Todo, en medio de una escena clave para la historia de Coco. Maldito Pixar, había conseguido volarme la cabeza en cuestión de segundos. Coco estaba consiguiendo ahondar en un tema importante y abstracto, difícil de tratar para todos, más aún con el público infantil. Nunca me había sentido con la responsabilidad de responder a esa pregunta a una persona todavía tan inocente y a la que aún le queda tanto por aprender y comprender en la vida. De hecho, ni yo tengo una respuesta clara para mí mismo en cuanto al tema de la muerte. «No te preocupes Laura, esto es una película». Esa fue mi respuesta. Una bastante simplista y cobarde, ciertamente. Pero funcionó para que la niña se tranquilizara y pudiéramos seguir disfrutando de la peli.

Coco terminó y salimos de la sala encantados. Seguramente, la película de Pixar no funcionó para saciar la curiosidad de Laura sobre la gran cuestión de la muerte, ni a mi me dio una clave maestra para comprenderla finalmente. Pero aquel día, Laura y yo aprendimos algo imporante. Y con una peli para niños.

Coco de Pixar

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