A menos de un mes para la 82ª edición de los Premios Óscar, comenzamos nuestro repaso a las 9 nominadas en la categoría de Mejor Película con Dunkerque, la última cinta de Christopher Nolan, autor de la última trilogía de Batman (Batman Begins, El Caballero Oscuro y La Leyenda Renace) y de películas como Memento, Origen o Interestellar. ¡Empezamos!

En Dunkerque, Nolan nos lleva a uno de los momentos claves de la II Guerra Mundial para Gran Bretaña. Con cerca de cuatrocientos mil soldados franceses y británicos atrapados en la playa de Dunkerque esperando a ser rescatados, al norte de Francia, tras el avance por parte de las tropas alemanas; el director inglés nos narra el milagroso rescate a tres tiempos: por tierra, mar y aire.

Por tierra, los soldados británicos esperan su rescate en la playa. Nos situamos junto a Tommy (Fionn Whitehead) y un par de soldados más (entre los que sorprende el cantante Harry Styles, reconvertido en estrella de cine), concentrados en un muelle que parece ser la única esperanza para huir, mientras aviones alemanes no dudan en bombardear la zona. Al frente del muelle durante la evacuación, Kenneth Branagh. Por mar, la Marina Real británica comienza a requisar todos los barcos civiles que puedan acercarse a la playa. Sin embargo, el señor Dawson (Mark Rylance), su hijo Peter, y un amigo de éste, George (un Barry Keoghan que ha irrumpido con fuerza en el panorama cinematográfico europeo) deciden ir por cuenta propia hacia Dunkerque, antes de que les requisen el barco. Y finalmente, por aire, tres aviones británicos se dirigen a la costa francesa para tratar de contrarrestar a los bombarderos. De estos pilotos, nos centramos en Farrier, un Tom Hardy obligado a actuar de nuevo tras una máscara.

Con los tres escenarios planteados y un guion mucho más sencillo y directo de lo que nos suele tener acostumbrado, Christopher Nolan no duda en jugar una vez más con el tiempo, retorciendo a su voluntad las manecillas de un reloj del que ya se ha hecho dueño y señor. Pocos autores han sido capaces de retratar de esta manera el trauma y la urgencia de una guerra que parece no tener fin y, sobre todo, el trauma de sobrevivirla, sin poder olvidar todo lo dejado atrás. Sin los descriptivos diálogos que pueblan su obra, Dunkerque se hace grande en sus silencios, en su espera, en la aparente calma que precede y procede a toda tormenta que se precie.

Si todos esperaban que Nolan siguiera los pasos de uno de sus grandes referentes reconocidos, Stanley Kubrick, éste nos sorprende bebiendo más de la elegancia y el formalismo de David Lean. Una sorpresa que, además, Nolan termine convirtiendo una aparente cinta bélica en todo un thriller a contrarreloj con elementos de puro terror. Un terror provocado por ese enemigo invisible (los alemanes), que pese a no abandonar la mente del espectador y de todos los personajes de la película, no ocupa ni un solo plano, quedando relegada su presencia al fuera de campo. Un puro cuento de fantasmas para contar «el milagro de Dunkerque», como les gusta llamar a esta historia a muchos británicos.

Colaborando con el cineasta británico, en la dirección de fotografía vuelve a estar Hoyte van Hoytema, director de fotografía holandés responsable de obras como Déjame entrar (el film sueco de vampiros ya convertido en clásico), Her (la película de ciencia ficción de Spike Jonze y Joaquin Phoenix) o la propia Interestellar de Christopher Nolan. En Dunkerque, la fotografía es pieza clave, metiéndonos de lleno en el ambiente opresivo de la playa francesa, donde el cielo y el mar se bañan de unos verdes y grises tan característicos que parecen pertenecer a otra realidad. Una en la que no queda nada más que la esperanza de ser rescatados de una playa más seca y desierta que nunca. Una playa con cuatrocientas mil vidas atrapadas, física y visualmente. En el aire, los combates nunca lucieron tan espectaculares como aquí. No sorprende cuando salen a la luz datos como que Nolan y van Hoytema mandaron instalar una cámara en un Spitfire real, brindándonos unos planos subjetivos aéreos que pasarán inevitablemente a la historia del cine bélico.

Como en toda gran película, el complemento perfecto para la fotografía es una gran banda sonora, en este caso del maestro Hans Zimmer, que pese a tenernos acostumbrados a temas tan épicos que terminan por sonar a exceso, aquí se consigue contener, volviéndose más práctico que nunca y construyendo en torno a un latido eterno en forma de tick-tack que impregna todo el metraje. Es tal la inmersión que provoca su música que nos queda la duda de dónde termina la banda sonora y dónde empieza la edición de sonido, siendo por momentos una fusión perfecta. Un ascenso constante de intensidad que no hace sino engrandecer el tempo de la película y el maravilloso montaje a tres tiempos de Lee Smith. La banda sonora más peculiar de la filmografía de Christopher Nolan, y por qué no decirlo, la más efectiva.

Una historia de héroes anónimos que consiguen representar la mejor versión del tan desastroso patriotismo que inevitablemente recorre al fantasma de cada guerra. La consagración (si es que alguien aún la necesitaba) de un director destinado a aparecer en los libros de Historia del cine. La madurez artística y narrativa de un Christopher Nolan consciente de que no hay diálogo más valioso que una buena imagen. El cine en su sentido más puro y primitivo. “El milagro de Dunkerque», a 24 frames por segundo.

Opciones en los Óscar:

Opciones reales: Mejor Montaje, Mejor Sonido y Mejor Edición de Sonido.

Posibles sorpresas: Mejor Fotografía y Mejor Dirección.

Total de nominaciones: 7 – Película, Dirección, Fotografía, Montaje, Banda Sonora, Sonido, Edición de sonido.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here