Reencuentro con los fantasmas del pasado

Robert Guédiguian regresa a las salas de cine con su nuevo trabajo, La casa junto al mar, una película en la que el director plantea cuestiones políticas, sociales e incluso personales, y que podría concebirse como una exposición de sus pensamientos en claves de ficción. La casa Junto al mar nos traslada hasta la cala de Méjean, en Marsella, Francia. Es en este mismo escenario donde los protagonistas de la historia, tres hermanos que regresan al pueblo de sus padres con motivo del estado de salud de su progenitor, se reencontrarán tras años sin verse las caras. Angèle, una actriz que se marchó a París, Armand, el único miembro de la familia que se quedó en el pueblo al mando del negocio familiar, y Joseph, un escritor frustrado, se reencontrarán también con los recuerdos y los fantasmas del pasado que en su día cambiaron sus vidas. A pesar de contar con grandes interpretaciones y con una intención crítica que podría haberla convertido en una gran película, La casa junto al mar ha conseguido todo lo contrario. Estos son los motivos.

La casa junto al mar
Cartel de La casa junto al mar

5. El guion deja mucho que desear

Entiendo la realidad que Robert Guédiguian ha querido plasmar en La casa junto al mar. La representación en los protagonistas de la película de una generación desubicada, políticamente inactiva y la melancolía y el anhelo por el pasado. Se trata de una historia en la el director ha querido reflejar las preocupaciones de esa misma generación, sus sentimientos comunes, la consciencia por el paso del tiempo, la fugacidad de la vida. Y aunque esta historia que Robert Guédiguian nos presenta en La casa junto al mar se apoya precisamente en estas ideas, no han sido suficientes para lograr crear un relato que valga la pena, o al menos no lo ha sido la forma en que esta historia se ha expresado en el guion.

4. Mantiene un ritmo muy lento

Y precisamente por esa flojedad del guion, La casa junto al mar se convierte en una película aburrida a ojos del espectador común. El ritmo lento que se mantiene durante toda la película hizo posible que varios espectadores abandonaran la sala de cine, sin llegar a concluir la hora y cuarenta y cinco minutos que dura la cinta.

3. La banda sonora es prácticamente inexistente

Si a ese pausado ritmo le añadimos la falta de una banda sonora, todo comienza a cobrar más sentido. Son muy pocos los momentos en los que podemos escuchar melodías en la película, en la que priman los sonidos del ambiente, algo que si bien sirve para aportar una mayor naturalidad a la historia, en este caso, se convierte en un punto en contra.

2. Ninguna novedad para la filmografía de Robert Guédiguian

Robert Guédiguian no nos ha presentado en La casa junto al mar nada novedoso ni arriesgado. Ariane Ascaride vuelve a ser su musa, en una actuación que podría considerarse como la más sobresaliente de la película. Otros que repiten son Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan, que vuelve a trabajar con el director tras rodar con él películas como Las nieves del Kilimanjaro.

1. Critica social que no llega a cuajar

Si algo bueno tiene La casa junto al mar es su trasfondo social, su intención crítica. Hablo de cuestiones políticas como la llegada de refugiados al país o la precariedad de los pensionistas, que tienen un importante peso durante toda la cinta. La película abarca estas cuestiones, además de otros temas como el paso del tiempo, la fugacidad y huida de la vida, la frustración personal y profesional o el amor transgeneracional. A pesar de ello, la representación de estos temas deja un sabor amargo, pues se trata de temáticas que no llegan a brillar como deberían, dando la sensación de que se han desaprovechado. En especial el tema de los refugiados, que debería haber estado más presente.

Distribuida por Golem, La casa junto al mar se estrenará en los cines españoles el próximo 23 de marzo

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