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Netflix acaba de estrenar en su plataforma Perdidos en el espacio, el esperado remake de la serie homónima de 1965. Producida por Legendary Television, creadora de grandes series de ciencia ficción como Colony o The Expanse y con Zack Estrin, productor de Prision Break de showrunner, la serie cuanta con grandes avales. A diferencia de otras series de la productora, a pesar de ser una modernización del clásico, mantiene el tono clásico y aventurero de la serie original.

A lo largo de 10 episodios conoceremos a los Robinson, una familia de colonos espaciales cuya nave termina a la deriva del espacio. Sin rumbo ni orientación, la nave se estrella contra un planeta desconocido donde deberán aprender a adaptarse y sobrevivir. Perdidos y soportando las condiciones extremas del planeta, también se encontrarán con un misterioso robot alienígena que parece ayudarlos, especialmente a Will Robinson, el más joven de la familia. Pronto se encontrarán que no son los únicos colonos supervivientes en el planeta.

Perdidos En El Espacio

Perdidos en el espacio, mainstream pero con estilo

Después de una serie como The Expanse, Legendary Television tiene tablas haciendo series espaciales y Perdidos en el espacio es un ejemplo de ello. Desde los diseños de las naves, hasta las localizaciones, pasando por el vestuarios y atrezzo, todo está realmente cuidado. Los cromas utilizados no llaman la atención de tal manera que se siente que puedes estar con los Robinson en ese planeta.  Sin duda, el esfuerzo en dotar de calidad y realismo a la serie es ciertamente notable.

Muy atrás queda la serie del 65, y la película remake de 1998 (con un sorprendente reparto con nombres como William Hurt, Mimi Rogers, Gary Oldman o Heather Graham) pero la familia Robinson parece no cambiar mucho. Perdidos en el espacio evita caer demasiado en la intensidad que puede surgir de, bueno, una historia de un naufragio. Los tres personajes más jóvenes aportan ese tono más ligero que por un lado se agradece, pero que puede llegar a cansar o resultar fuera de lugar. Especialmente dramático es en el segundo capítulo cuando las dos niñas están hablando de comer galletas (en un sonrojante product placement) mientras transcurre otra trama donde un piloto desvalija el cadáver de una amiga sin despeinarse.

A pesar de sus defectos, Perdidos en el espacio ofrece la promesa de aventuras, exploración y supervivencia, salpicada de enigmas por resolver. Con una gran factura técnica, devoraremos sus 10 episodios para ver los derroteros de los Robinson. Y del robot.

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