Echamos la vista atrás para hablar sobre Assassin’s Creed: Origins, el videojuego de Ubisoft que hizo a los jugadores recuperar la fe en la saga

Últimamente he vuelto a sumergirme de lleno en la que fue una de las mayores sorpresas del año pasado: Assassin’s Creed: Origins se lanzaba en octubre de 2017 como un soplo de aire fresco para la conocida franquicia de Ubisoft.

Tras meses sin jugarlo, llevo algunas semanas recorriendo Egipto de la mano de Bayek, realizando todas las -numerosas- misiones secundarias que me quedaban por completar, asaltando campamentos romanos y ayudando a los egipcios como un buen medjay. Y mientras hacía todo esto no podía evitar que una frase se pasara por mi cabeza una y otra vez.

J*der, qué maravilla de juego

No hay sensación que más me llene que la de estar jugando a un videojuego y que vaya atrapándome a medida que avanzo en él. Esta es una sensación que AC Origins me transmitió desde el primer día, y hoy, casi un año después, dicha sensación no ha dejado de recorrerme los huesos.

No me tiembla el pulso si afirmo que Origins no solo es un gran videojuego bajo mi punto de vista sino también objetivamente. El trabajo de Ubisoft tiene un enorme mérito, ya que la compañía ha conseguido hacer, probablemente, uno de los mejores videojuegos de mundo abierto que hayan podido verse.

Para entender el triunfo que supone Origins a todos los niveles, es necesario observar la historia de Assassin’s Creed como saga desde sus inicios.

Assassin's Creed

El hijo de un clásico

Assassin’s Creed llegó al mundo en el año 2007, siendo una especie de “hijo bastardo” de lo que originalmente sería una entrega de la clásica saga Prince of Persia. Elementos jugables que diferían del concepto original de la franquicia de Jordan Mechner y una historia totalmente distinta acabaron por convertir ese proyecto en la saga que conocemos hoy en día – algo similar a lo que ocurrió con Devil May Cry y Resident Evil.

una batalla encarnizada

La historia de Assassin’s Creed nos presentaba a un hombre, Desmond Miles, que accedía a los recuerdos de sus antepasados mediante el uso de una máquina llamada Animus. Así se nos introducía a Altaïr, un miembro de una orden secreta conocida como Asesinos.

Bajo esta premisa, el jugador se vería envuelto en una trama ambientada durante la Tercera Cruzada en Tierra Santa (1191), donde los asesinos y los caballeros templarios se enfrentarían en una batalla encarnizada por obtener el Fruto del Edén.

Assassin's Creed

Con una trama tan interesante y un sistema de juego que mezclaba de forma eficiente los combates cuerpo a cuerpo con el sigilo más pulido, Assassin’s Creed se convirtió, evidentemente, en un éxito. Tanto es así, que el videojuego no tardó en contar con una secuela, Assassin’s Creed II, el cuál se lanzó en el año 2009.

historias tan aclamadas como la trilogía de Ezio

En esta ocasión, el protagonista sería Ezio Auditore – quien es probablemente el personaje más icónico de la franquicia.Y con un juego tras otro, Ubisoft amplió durante años los horizontes de la saga, dando historias tan aclamadas como la trilogía de Ezio (que abarcaba AC II, AC: Brotherhood AC: Revelations).

La caída de la saga

Tras el paso de Ezio por la saga, Ubisoft lanzó Assassin’s Creed III, que introducía a un protagonista completamente nuevo en una época histórica aún no explorada en la saga.

Connor Kenway vivía su aventura en la época de la Guerra de independencia estadounidense, comenzando su lucha contra la opresión después de que su pueblo sea destruido por los colonizadores. Así comenzaba un nuevo episodio en el universo Assassin’s Creed.

Assassin’s Creed III supuso, en cierto modo, la “decadencia” (exagerando, claro) de la saga. Mientras que el juego recibió críticas favorables, muchos seguidores sintieron que la última entrega fallaba al espíritu dinámico y atrevido de las anteriores entregas.

Muchas críticas favorables

Tras este, Ubisoft lanzó una serie de videojuegos pertenecientes a la saga (Assassin’s Creed IV: Black FlagAssassin’s Creed: RogueAssassin’s Creed: Unity, o Syndicate), lanzados de forma casi anual – lo cuál no favorecía a un correcto desarrollo para cada una de las entregas. Y lo cierto es que, pese a que estos juegos cuentan con bastantes fans, Ubisoft había llevado a la franquicia a un punto muerto.

Las entregas se habían vuelto repetitivas y carentes de emoción, y la aparición de los famosos bugs que arruinaban la experiencia de juego ayudaron a que Assassin’s Creed quedase prácticamente estancada.

El resurgir de los Asesinos: la llegada de Bayek

Es por eso que, cuando Origins se anunció en el E3 de 2017, supuso una grata sorpresa para los jugadores. Un sistema de juego totalmente renovado, con notoria inspiración en el RPG, una época nunca antes explorada e increíblemente rica en cuanto a cultura (el antiguo Egipto).

Con un mundo abierto más vasto e inmenso que nunca, eran algunos de los elementos que parecían haber llegado para sacar a la franquicia del punto muerto en el que se encontraba. Y que venga Sejmet si no fue así.

Assassin’s Creed: Origins no es solo un gran juego

Como os decía antes, Assassin’s Creed: Origins no es solo un gran juego porque me lo parezca a mí. Es un gran juego porque, contra todo pronóstico y con muchos prejuicios en su contra, fue capaz de llevar de nuevo a la cima a una saga que se había visto atrapada en un cuadro de repetición, emociones ausentes y críticas negativas, que lejos estaban de hacer justicia a la gran saga que fue hace ya diez años.

El presente y futuro de la saga

Origins es una joya que no puede faltar en las estanterías de cualquier jugador, sea fan de la saga o no. Su mundo abierto, repleto de vida, y el carisma y trasfondo de su personaje principal (Bayek), le convierten en una de las mejores experiencias que nos ha dado esta generación.

Las fronteras de la saga se han abierto gracias a Origins

Si bien el juego falla en algún que otro aspecto, sus virtudes son tantas y tan grandes que es muy fácil perdonar sus errores. Origins es una clase magistral sobre cómo reinventar una saga y hacerla interesante de nuevo, pero sin faltar al espíritu de lo que la hizo grande en un primer lugar.

El presente y futuro de la saga es brillante, con Assassin’s Creed: Odyssey recibiendo elogios de crítica y público, volviendo a emplear la nueva fórmula de la franquicia y presentando la Grecia clásica como escenario para la acción. Las fronteras de la saga se han abierto gracias a Origins y su grandeza, y ahora todo es posible para la Hermandad de Asesinos.

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