Parece que Sara le sigue debiendo favores al karma

Aunque la primera parte de No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas acabó de forma muy idílica…la vida real no es así ni mucho menos, y eso es precisamente lo que quiere contarnos Laura Norton en la segunda parte de la historia. Que después de la palabra FIN siempre hay mucho más que contar, y no todo es bueno.

Tras la declaración de amor de Aarón, Sara está feliz de la vida con un trabajo apasionante, un novio que la adora y un hijo de anuncio. Pero… ¿es feliz? No tiene motivos para no serlo, pero eso no le impedirá buscarlos hasta debajo de las piedras, hasta que los encuentre.

En demasiadas ocasiones resulta cargante y dan ganas de no seguir leyendo, las situaciones son extremas e incómodas para el lector.

En Ante todo, mucho karma, volvemos a encontrarnos con prácticamente todos los personajes de la primera novela de Norton y conocemos su evolución. La hermana de Sara sigue triunfando en las pasarelas y ahora quiere dar el salto al cine, sus padres tienen una relación de tira y afloja, el ex de Sara vuelve de China inesperadamente…y todo vuelve a complicarse como siempre, porque aunque es cierto que parece que a Sara le sigue el drama, ella también lo busca.

Ante todo, mucho karma

Demasiado drama en situaciones insostenibles

Mientras que en la primera parte Sara es rara y muchas veces peca de inocente, en esta segunda parte sus excentricidades son excesivas, así como sus celos y su forma de tratar a las personas que la rodean. En demasiadas ocasiones resulta cargante y dan ganas de no seguir leyendo, las situaciones son extremas e incómodas para el lector.

Es el caso del personaje de Aarón, increíblemente atractivo y atrayente en la primera parte, guapo por fuera pero también con un corazón enorme por dentro. En esta segunda entrega le vemos cansado de Sara, de la situación y algunas reacciones que no terminan de encajar con la idea que se ha hecho el lector del personaje. Puede que fuera el objetivo de la autora, humanizarlo, pero resulta forzado y poco creíble en más de una ocasión.

A pesar de que es cierto que Norton continúa haciendo que quieras seguir leyendo y saber qué ocurre con los personajes, en esta segunda parte la novedad se pierde y las situaciones se llevan demasiado al extremo, haciendo que la novela resulte demasiadas veces cargante y cueste seguir leyendo.

¿Era necesario prolongar la historia o hubiera sido mejor dejarla tal y como estaba?

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