El 28 de enero llega a Disney+ Wonder Man, la próxima serie de Marvel Studios, y lo hace en un momento especialmente delicado para el género. El cansancio del público es real, la conversación sobre la “fatiga superheroica” lleva años flotando y el propio MCU parece consciente de ello. Por eso, quizá lo más interesante de Wonder Man no sea solo su protagonista, sino la forma en la que la serie se mira a sí misma, al género y a la industria que la rodea.
Lejos de intentar ser “la gran serie evento” (personalmente creo que esos tiempos quedan ya atrás), Wonder Man apuesta por algo mucho más modesto, autoconsciente y, sobre todo, refrescante. Una comedia con superpoderes, sí, pero también una sátira muy clara sobre Hollywood, el ego creativo y cómo funciona el espectáculo… incluso dentro del propio Universo Cinematográfico de Marvel.

Un MCU que se mira al espejo
Simon Williams, alias Wonder Man, es un personaje peculiar incluso dentro de los cómics Marvel: actor, celebridad y superhéroe a partes iguales. Y la serie aprovecha esa dualidad para construir una mirada meta y referencial que se agradece muchísimo. Aquí no solo vemos superhéroes salvando el mundo (o mas bien, evitando destruirlo por accidente), sino actores interpretando a superhéroes dentro del propio MCU, con todo lo que eso conlleva.
Wonder Man se mete de lleno en los entresijos de la industria de Hollywood: castings absurdos, producciones caóticas, egos inflados, decisiones creativas cuestionables y la eterna lucha entre el arte y el negocio. Todo ello contado con humor, ironía y una ligereza muy consciente. La serie no se ríe de Marvel, pero sí se permite bromear sobre sí misma, algo que no siempre hemos visto en el estudio. Este es el Hollywood de Marvel, con organizaciones gubernamentales vigilando a los superhéroes, pero a la vez es reflejo del real, donde Ashley Greene actuó en Crepúsculo o Joe Pantoliano se hizo famosos gracias a Matrix.
Ese enfoque convierte a la serie en una especie de primo hermano televisivo de Hulka, pero con una personalidad propia más centrada en el mundo del espectáculo que en el legal. Aquí el foco no está en romper la cuarta pared de forma constante, sino en mostrar cómo de absurdo puede ser este ecosistema cuando lo miras desde dentro.

Humor, ritmo y episodios cortos
Uno de los grandes aciertos de Wonder Man es su duración contenida. Episodios cortos, ágiles, que no se recrean más de la cuenta ni estiran tramas artificialmente. La serie sabe lo que quiere contar y va directa al grano, algo que se agradece enormemente después de producciones que parecían alargarse sin necesidad.
El humor es constante, pero no invasivo. Funciona tanto en el diálogo como en las situaciones, muchas de ellas claramente reconocibles para cualquiera que tenga una mínima noción de cómo funciona la industria audiovisual. Hay chistes sobre franquicias, sobre el “contenido” frente al cine, sobre el star system… y sí, también sobre el propio desgaste del género superheroico.
En ese sentido, Wonder Man no intenta negar el agotamiento, sino capearlo. Lo reconoce, lo integra en su ADN y lo utiliza como punto de partida para construir algo distinto. Y eso, hoy en día, ya es una pequeña victoria, aunque a día de hoy trabajos como The Franchise o The Studio lo puedan hacer mucho más en profundidad o con más acierto.
Personajes bien escogidos y un regreso polémico
Otro de los puntos fuertes de la serie es su reparto y la elección de personajes. Simon Williams funciona muy bien como protagonista, precisamente porque no es el típico héroe atormentado ni el salvador mesiánico. Es imperfecto, egocéntrico a ratos, inseguro en otros, y muy humano en casi todo momento. Interpretado por Yahya Abdul-Mateen II (Watchmen, US) le da ese punto real tan neesario.
Especial mención merece el regreso de Trevor Slattery, el personaje interpretado por Ben Kingsley. Un personaje históricamente odiado por parte del fandom desde Iron Man 3, pero que aquí encaja sorprendentemente bien. Lejos de intentar redimirlo de forma forzada, la serie abraza su ridiculez, su condición de actor fracasado y su tendencia al exceso. Y funciona a la perfección como un reflejo del propio Williams.
Trevor se convierte casi en un símbolo de lo que Wonder Man quiere contar: el artificio, la farsa, la construcción de identidades y lo fácil que es perderse en el personaje que interpretas, tanto dentro como fuera de la pantalla.
El resto del elenco acompaña con solvencia, aportando dinamismo y variedad de tonos. No hay sensación de personajes de relleno ni subtramas innecesarias: todo suma al discurso general de la serie. A destacar al histriónico Zlatko Buric, que ya conocimos como ese desagradable presidente en Superman de 2025 y que ahora encarna al atormentado y visionario director de la película dentro de la serie de Wonder Man
Una bocanada de aire fresco para Marvel
Wonder Man no va a revolucionar el MCU ni pretende ser la pieza clave de la próxima gran saga. Y precisamente ahí está parte de su encanto. Es una serie ligera, divertida, autoconsciente y muy cómoda de ver, que entiende el momento en el que llega y juega con él en lugar de ignorarlo.
En un panorama saturado de trajes, capas, multiversos y amenazas cósmicas, esta serie apuesta por el humor, la cercanía y una crítica amable a la industria que la produce. Y sale bastante airosa en el intento. Wonder Man no salva al género, pero sí demuestra que todavía hay formas interesantes de contar historias de superhéroes sin repetir fórmulas.
Una propuesta refrescante que, sin hacer mucho ruido, puede acabar siendo una de las sorpresas más simpáticas del MCU reciente.
Dirección: Don Heck (Creador), Jack Kirby (Creador), Stan Lee (Creador), James Ponsoldt, Destin Cretton, Stella Meghie / Guion: Destin Cretton, Andrew Guest / Reparto: Yahya Abdul-Mateen II, Ben Kingsley, Demetrius Grosse, Lauren Glazier, Byron Bowers, Zlatko Buric, etc. / Género: Superhéroes / Duración: 8 capítulos x 30m. / Fecha de estreno: 28 de enero de 2026.






