No sé cuántas horas le metí de pequeño a Mortal Kombat II, pero sé que fueron muchas. De esas tardes en las que el mando sudaba más que tú y cada fatality (con lo difíciles que eran de conocer y aun más de ejecutar) era un acontecimiento. Fue, de hecho, el primer Mortal Kombat que jugué, y probablemente por eso siempre le he tenido un...