Este verano he decidido sumergirme en series de instituto y me he encontrado viendo tres animes que, aunque cuentan historias muy diferentes, tienen un punto en común muy curioso: sus protagonistas parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Sin embargo, en lugar de utilizar esa diferencia para generar conflictos artificiales, la convierten en el motor de relaciones muy naturales.
Quizá por eso funcionan tan bien.
Cuando enamorarse...