Todo artista que se precie busca una evolución a lo largo de su carrera. Ya sea pintor, actor, escultor, músico o cineasta, el artista ambicioso persigue un desarrollo que le lleve a lugares distintos, a no estancarse en una forma de crear determinada.

La figura de Clint Eastwood responde perfectamente al paradigma de este tipo de artista. Inquieto y seguro de sí mismo, Eastwood se ha convertido en muchísimo más que el tradicional cliché de tipo duro del mundo hollywoodiense. Esto no es ningún descubrimiento, pues la etiqueta de matón y violento se la desprendió hace ya muchos años. Pero conviene recordar cómo se produjo ese proceso, esa lenta transformación que le llevó a pasar de ser un actor del montón con una cara bonita a ser reconocido como uno de los mejores directores de la historia del cine.

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Clint Eastwood

El western de Sergio Leone

Antes de crear la leyenda del Hombre sin nombre, Eastwood inició su carrera como muchos jóvenes actores: en las series de televisión. Pero como casi siempre, fue un golpe de suerte lo que propició que acabara rodando para Sergio Leone en Almería.

El director italiano buscaba un protagonista no demasiado caro para su nueva película y un desconocido Clint, hastiado de la monotonía de las series de televisión, aceptó la oferta del cineasta por 15.000 dólares. Así se fraguó Por un puñado de dólares (1964), el primer triunfo de la pareja Leone-Eastwood.

Por un puñado de dólares fue un éxito total. Con ella se dio a conocer un nuevo género: el spaghetti western, lo que venía a ser westerns al estilo norteamericano pero grabados y producidos a bajo coste en Europa, sobre todo en España e Italia. El escaso presupuesto de la película obligó a Eastwood a comprarse él mismo las ropas para la grabación, así que fue en el desierto almeriense donde adquirió el famoso poncho que llevaría en toda la trilogía.

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Interpretaciones que han pasado a la historia

En 1965 vendría el siguiente éxito del dúo director-actor. Ese año se estrenó La muerte tenía un precio. La película, que gozó de un presupuesto más amplio, permitió a Eastwood cobrar más dinero y además verse acompañado en pantalla de una cara más o menos conocida: Lee Van Cleef.

Siendo sinceros, estas primeras películas no resaltan por la calidad interpretativa de Eastwood. Al año siguiente se estrenó El bueno, el feo y el malo (1966) y en esta última Clint sigue siendo el mismo personaje carente de matices y profundidad que en los dos films anteriores.

La minimalista actuación de Eastwood se ajusta perfectamente a la sencilla pretensión de las películas. Con un simple gesto basado en entornar los ojos -como sospechando algo- y levantar el labio superior, su interpretación de El hombre sin nombre ha pasado a la historia.

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La consagración que llegó con Harry el Sucio

No es la intención de este artículo minusvalorar el trabajo interpretativo de Eastwood en sus primeros años. De hecho, Clint fue muy inteligente porque supo entender muy bien que, para un actor joven, dar vida a un personaje tan plano como el Hombre sin nombre no le llevaría a cotas muy altas. Pero sí tuvo claro que crear una imagen de fuerte masculinidad e inexorable amoralidad le establecería, de inmediato, en la élite de Hollywood.

La etiqueta de «tipo duro» se la atribuyó aún más cuando conoció a Donald Siegel. Eastwood y el director trabajaron juntos por primera vez en 1968 cuando grabaron La jungla humana. En ella Clint tuvo la oportunidad de elaborar parte del guión, lo que sería su primer contacto con el cine de detrás de las cámaras.

La jungla humana constituyó la primera piedra de toque para lo que sería el gran éxito de Clint Eastwood hasta la fecha, Harry el Sucio. El film marcaría un antes y un después para él. El personaje de Harry Callahan le incluyó, de lleno, en la cultura popular norteamericana.


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La película, dirigida por el ya mencionado Siegel, se estrenó en 1971 e inició una saga que se alargaría hasta cuatro cintas más. Eastwood interpreta a un inspector de policía que, bajo una moral dudosa, recorría las calles de San Francisco persiguiendo delincuentes pistola en mano.

Pero la película es mucho más que la superficialidad de las andanzas de este policía violento y arrogante. Harry Callahan lucha contra los delincuentes por cuenta propia, alejándose de las instituciones judiciales y de una burocracia desgastada por aquellos años. El protagonista de Harry el Sucio representa el tomarte la justicia por tu mano, la venganza y la filosofía del «ojo por ojo, diente por diente».

La importancia de la independencia

Desde sus inicios como actor en Universal Studios, el interés sobre cómo dirigir una película había estado presente en Eastwood. Cuando trabajaba en la serie televisiva «Rawhide» pidió, sin éxito, dirigir algún que otro capítulo. En 1967, cuando aún ni siquiera había dirigido una película, fundó su propia productora, Malpaso.

La creación de Malpaso tiene una vital importancia en el cine de Eastwood porque le brindó la oportunidad de trabajar a su manera desde el principio. Malpaso le permitió, desde el inicio, tener el control total de los guiones, del casting, de la dirección… de su obra a nivel global, en definitiva.

Aunque pueda parecer una tontería, la independencia que siempre ha gozado para elaborar las películas es la respuesta al Eastwood que hoy conocemos. Con una manera muy peculiar de dirigir y una elección de guiones y actores muy personal, Malpaso es la causa principal de su éxito.

Su primera película fue Escalofrío en la noche (1971), un thriller de corte hitchcockiano. La película, que tuvo una acogida aceptable a pesar de ser su ópera prima, fue elogiada por el propio Hitchcock, que confesó al joven director que le había encantado.

11690_0006. 'Play Misty for Me' (Un Frisson dans la Nuit), Clint Eastwood, 1971, Universal. ** I.V. ATTENTION PAS D'UTILISATION COMMERCIALE (CARTES POSTALES, POSTERS, PUB..) SANS AUTORISATION ECRITE DONNEE DANS UN DELAI DE TROIS JOURS OUVRABLES.

Madurez y consolidación como director

La rapidez y la sobriedad son dos de los elementos más característicos del cine de Eastwood. La velocidad con la que redacta un guión, elige actores y rueda la historia sólo puede compararse en la actualidad con la forma de hacer cine de Woody Allen. Ambos trabajan rápido y de forma constante, alejándose de distracciones y nimiedades que alarguen la producción de la cinta. El director californiano ya lo ha confesado en alguna ocasión: «si sale lo que buscas en la primera toma, ¿para qué vas a grabar más?».

Además del cine, la música (especialmente el piano) y la política son las otras dos pasiones del actor-director, siendo ésta última a la que más tiempo ha dedicado. Tanto fue así que llegó a ser alcalde de Carmel (California) entre 1986 y 1988 representando al partido republicano. La independencia que Eastwood adquirió en su cine gracias a Malpaso la trasladó también a la política. Nunca se casó con nadie y a pesar de ser republicano siempre ha criticado a unos y a otros por igual: «Políticamente no soy nada. Odio que me encasillen. Ciertamente no soy extremista. Lo mejor que puedes decir de un extremista, tanto de derechas o de izquierdas, es que son personas aburridas». El presidente Ronald Reagan vio en él un filón propagandístico y trató de ficharlo para su equipo de gobierno. Pero Eastwood rechazó la oferta. Años más tarde declaró lo siguiente sobre su experiencia al frente de Carmel:

«Me sirvió para conocer más de cerca el mundo de la política, al que no deseo volver nunca. Trataron de convencerme para llegar hasta Washington. En la actualidad, aunque mis ideas son republicanas, apoyo al presidente Clinton.»

Después de dirigir hasta doce películas y actuar en otras tantas, es en Bird (1988) dónde se aprecia un salto cualitativo en el estilo de Clint Eastwood. Después de su paso por la política, volvió al cine por la puerta grande para rodar esta maravillosa película sobre el saxofonista Charlie Parker.

Eastwood ha sido, desde siempre, un ferviente amante del jazz. Y por ello la película se centra en la figura de Charlie Parker como el excelente músico que fue y se aleja, a su vez, de otros temas más sensacionalistas y controvertidos, como la fuerte adicción a la heroína, al alcohol o los intentos de suicidio del músico.

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Películas premiadas

La película no fue tan taquillera como otras pero consolidó al Eastwood realizador. Ganó el Globo de Oro al mejor director por la cinta. También en Europa saboreó el éxito de la crítica: triunfó en Cannes, dónde Whitaker obtuvo el galardón de mejor actor principal por su interpretación del saxofonista.

Con Bird, Eastwood abrió un periodo de años en los cuales parecía estar tocado por una varita mágica. Los noventa fueron, sin duda, sus mejores días en cuanto a inspiración se refiere. En 1992 grabó Sin perdón, una auténtica obra maestra por la que se llevó cuatro estatuillas Óscar.

Sin perdón es la evolución definitiva del western de Clint Eastwood. En ella prácticamente se ríe de las películas del oeste de toda la vida, las cuales le dieron la fama y después le formaron como director. Ironiza con los cowboys, los duelos a sangre fría y los vengativos forajidos que huyen de la ley a lomos de su caballo a través del desierto norteamericano. En Sin Perdón todos los mitos del western se disuelven entre la estúpida realidad de la vida.  Él mismo resumió así su película:

«Se trata de una fabula que desmitifica el Oeste apelando a otros elementos que no tenía el western clásico. Como por ejemplo que las cosas no pasan tan fácilmente, que los tiros no son tan precisos, que las armas no siempre funcionan… Sin Perdón es para mí una película importante, porque resume mis sentimientos sobre ciertas películas en las que participé donde matar era algo romántico. Aquí he tenido la oportunidad de demostrar que no era tan romántico».

Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que Sin Perdón es el Don Quijote de la Mancha de las películas del oeste.

Un año después de estrenar Sin Perdón, salió a la luz Un mundo perfecto (1993), una road movie muy poco conocida pero que, a su vez, es una de las joyas mejor escondidas de Eastwood. Protagonizada por Kevin Costner, que interpreta a un fugado de la cárcel, y un niño de nueve años (T.J Lowther) al que rapta durante su huida.

La lucidez de Eastwood en los noventa tuvo como resultado siguiente Los puentes de Madison (1995). Siendo sinceros, este melodrama no casaba nada con su estilo como director. Pero lo solventó de maravilla. Sólo se aprecian a simple vista dos aspectos negativos en la película: el primero es la avanzada edad de Eastwood para interpretar el papel protagonista. El segundo fue el escaso feeling entre Clint y Meryl Streep, lo que terminaba por reflejar unas escenas románticas un tanto descafeinadas.

Los puentes de Madison

La vejez que, incluso a veces, sienta bien

Eastwood, que nació en 1930, entró en el nuevo siglo con 70 años recién cumplidos. A esa edad, la capacidad creativa de los directores y actores muchas veces sufre un estancamiento. No fue así el caso del director que ocupa este reportaje.

Eastwood volvió a sorprendernos -como tantas otras veces- y en 2003 se sacó de la manga su vigésimo sexto título como director, Mystic River. Esta cinta concentra las clásicas obsesiones de su cine -venganza, culpabilidad y autodestrucción- para elaborar una obra maestra.


Mystic River

Nuevos proyectos

Basada en la novela homónima de Dennis Lehane, Eastwood crea una atmósfera oscura y deprimida en un barrio de las afueras de Boston donde los protagonistas, marcados por su pasado, viven en un clima continuo de tensión y desconfianza a causa del asesinato de una joven del barrio. La figura de Jimmy (Sean Penn) representa el personaje referencia de toda la obra de Clint Eastwood: un hombre vengativo y violento que interpreta la justicia a su manera, al igual que Harry Callahan. La cinta se mueve permanente en la frontera del bien y del mal, en la barrera moral que separa los hechos correctos de los incorrectos.

Con 73 años, era lícito pensar que Eastwood tenía poco más que ofrecer como director. Contra todo pronóstico, volvió a asombrar cuando en su siguiente película se apoyó en una mujer para contar la historia. En Million Dolar Baby (2004) Hillary Swank protagonizó la película, siendo la primera vez que una mujer ocupó el papel principal en una cinta de Eastwood. Decir que Million Dolar Baby es un film sobre boxeo es quedarse corto. Otros temas, como el feminismo o la eutanasia, gozan de vital importancia en el film.

La película abrió un debate en la opinión pública estadounidense por la forma con la que tan abiertamente trató la cuestión de la eutanasia. Eastwood, que hasta la fecha había sido calificado de republicano, fue tachado de comunista por los sectores más conservadores del país. A pesar de la diversidad de críticas que recibió, Million Dolar Baby se llevó cuatro Óscars: película, director, mejor actriz principal y mejor actor secundario para Morgan Freeman.


Million Dolar Baby

Madurez e inteligencia

Eastwood siempre se ha considerado un buen patriota. Aún así, con el paso del tiempo, su madurez e inteligencia le han dejado ver mucho más allá de su país. En 2006 rompió todos los esquemas cuando hizo dos películas con distintos puntos de vista sobre la batalla de Iwo Jima. Por un lado, Banderas de nuestros padres (2006) mostrando el conflicto desde la visión del ejército estadounidense. Y por otro, apenas unos meses después, Cartas desde Iwo Jima reflejando la contienda desde el lado japonés.

Si se las pone por separado no son grandes películas. El mérito de Eastwood es otro. Ambas cintas funcionan como un tándem, no existe la una sin la otra. Juntas forman una conversación, un debate sobre los múltiples formas de entender la realidad.

La obra de Eastwood fue transformándose conforme éste cumplía años. De forma lenta pero progresiva, el cine de acción y de violencia gratuita se convirtió en uno más personal, intimista y emocional. Es Gran Torino (2008) donde se aprecia el culmen de esta evolución. Walt Kowalski, ese viejo amargado que odia a los asiáticos, no deja de ser una variación del policía Harry Callahan. Como si el inspector Callahan, después de 40 años de servicio en la policía de San Francisco, estuviese ahora jubilado y se dedicase a proteger a una familia de vietnamitas.

Después de Gran Torino han venido más. Algunas tan famosas como Invictus (2009) y otras que han pasado más desapercibidas como Golpe de efecto (2012). Con 86 años todavía tiene fuerzas para seguir dirigiendo. Ahora estrena una nueva, Sully (2016). Y de ahí este reportaje homenaje a su carrera.

Nunca ha destacado Eastwood por ser un director virtuoso en la técnica. Lo suyo no son los planos espectaculares o los efectos especiales aparatosos. En realidad solo se limita a contar historias. Pero qué forma de contarlas.

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