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Tras debutar como director hace ya 3 años con la maravillosa Ex-Machina, Alex Garland vuelve al terreno de la ciencia ficción de la mano de Aniquilación, una cinta protagonizada por Natalie Portman y con un reparto de secundarios eminentemente femenino, secundado por Oscar Isaac, que interpreta al único personaje masculino medianamente relevante para la trama.

La película, producida por Paramount Pictures y planeada para ser lanzada en cines tras el rotundo éxito de crítica del debut de Garland, finalmente ha sido adquirida para su distribución internacional por el gigante rojo de la industria, Netflix, a cambio de un alto porcentaje del presupuesto original de la cinta, situado en torno a los 55 millones de dólares. ¿La razón de este cambio de planes? Es sencillo. Tras los primeros visionados del montaje final, realizado por el propio Garland, algunas que otras voces hicieron saltar las alarmas dentro de Paramount, sugiriendo que la cinta era demasiado intelectual y complicada, pidiendo así que se cambiase su final y el carácter de su protagonista, buscando hacerla más accesible para todos los públicos. La respuesta de Alex Garland y Scott Rudin (principal productor de la película) fue un rotundo no, prefiriendo buscar una nueva vía de explotación comercial para la película. Y ahí estuvo Netflix para acoger entre sus brazos un proyecto de altura como éste.

Aniquilación narra la historia de Lena (Natalie Portman), una bióloga con pasado en el ejército que tras la repentina aparición de su marido (Oscar Isaac), desaparecido durante más de un año en una misteriosa zona donde las leyes de la naturaleza parecen no aplicarse, decide alistarse voluntariamente junto a un grupo de mujeres (Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson y Tuva Novotny), todas ellas científicas, para adentrarse de nuevo en un paraje de aspecto ligeramente sobrenatural con el objetivo de encontrar las respuestas que ninguna de las expediciones anteriores ha conseguido extraer del lugar.

Aniquilación

Como hiciera en Ex-Machina con esa casa cerrada donde recluía a sus protagonistas, en Aniquilación, Alex Garland muestra cierto gusto por hacer de sus personajes unos náufragos en tierras desconocidas, volviendo a usar los espacios como elemento fundamental para la construcción fisiológica de sus personajes, ligándolos sin embargo esta vez a un terreno desconocido y abierto, con una apariencia naturalista casi propia de un Edén salvaje pocas veces imaginado. En el Área X, nombre por el que llaman a ese terreno de origen desconocido, la flora y la fauna parecen mostrar mutaciones, generando un ecosistema que afecta a todo individuo que pone pie en el lugar. Aquí, por ejemplo, las plantas no dudan en crecer con forma casi humana o en mostrar flores de colores mucho más vivos de lo normal. Una decisión que hace crecer de manera exponencial a la película. Es la fotografía de Rob Hardy la que convierte en fascinante la imaginería visual de la cinta, con una paleta de colores de auténtica fantasía.

Aprovechando sus pocos minutos en pantalla, Oscar Isaac se comienza a perfilar como el actor fetiche de Alex Garland, poniéndose aquí completamente al servicio de una Natalie Portman que consigue hacer suya la cinta desde el primer al último plano, volviendo a demostrar que está en el máximo apogeo de su carrera. Aniquilación es a Natalie Portman lo que La Llegada a Amy Adams o Enemy a Jake Gyllenhaal, es decir, una de sus obras más encriptadas y reflexivas, impropias por desgracia de estrellas de su calibre. La desafiante y encantadora intimidad que desprende la química entre Portman e Isaac, como ya pasara con Alicia Vikander y Domnhall Gleeson en Ex-Machina, expone el magnífico trabajo de dirección de actores que lleva a cabo el cineasta inglés. Excepcional también ese reparto de secundarias para acompañar a Natalie Portman en su viaje a lo desconocido. En el grupo, una psicóloga (Jennifer Jason Leigh) una paramédica (Gina Rodriguez), una física (Tessa Thompson) y una geóloga (Tuva Novotny). Esencial resulta el trato que da el guion a cada uno de sus personajes, dotándolas de características que las hacen únicas y vulnerables, consiguiendo la empatía del espectador sin apenas esfuerzo. Son ellas también las que nos brindan los fragmentos más cercanos al terror en Aniquilación, en una escena que planta su debido homenaje a la Alien que protagonizara Sigourney Weaver.

Muy fresco resulta el planteamiento estructural de la cinta por parte de Alex Garland, recordando por momentos a esos videojuegos donde avanzamos con la ayuda de algún personaje de apoyo, desbloqueando con cada paso que damos un mundo hasta entonces desconocido. Podría resultar aleatorio esto de no haber trabajado el propio Garland en los guiones de un par de videojuegos antes de dar el salto a la dirección de cine. Es ésta una cinta que también, por formas y maneras, nos devuelve a la magnífica La Llegada de Denis Villeneuve, usando magistralmente los saltos temporales, con ayuda de un fantástico montaje que nos va regalando pistas de las emociones que componen la psique de nuestra protagonista, además de aportar cierta ansiedad y urgencia a una historia donde se procura la momentánea desubicación en el espectador. Con el sonido, Garland conoce la necesidad vital de crear ambiente en una propuesta como ésta, decidiendo visualizar unas melodías más atmosféricas que compositivas. Unas partituras que ayudan a crear ese estado de ánimo idóneo desde el que acceder a la capa más implícita e instintiva de la película.

Aniquilación

Se dice en una de las escenas de Aniquilación que «casi nadie en este mundo se suicida, pero sin embargo casi todos vivimos en constante autodestrucción». Y clave es esta frase para entender el sentido de una cinta que conforme avanza, y especialmente en su último tercio, se va volviendo más tétrica y sensorial, dejando de mostrar las obviedades en su guion para comenzar a alentar que cada espectador saque sus propias conclusiones, partiendo de la base de que todo lo propuesto por Alex Garland parece querer indicar una voluntad de usar las metáforas visuales para poner en escena los sentimientos y conflictos internos de su protagonista.

Donde en Ex-Machina se nos hablaba de la relación entre la humanidad y la tecnología, en Aniquilación se nos habla de la biología como fundamento de la humanidad, como esa base que nos da forma y vida y a partir de la cual podemos empezar a comprender todo lo demás. Una biología que, en el tramo final de la película, Alex Garland pone de manifiesto sin necesidad de palabras y mediante un baile que saca todo el partido a la expresión corporal, con una incontestable fuerza visual que enfrenta a los cuerpos contra las enfermedades mentales y físicas que los habitan, marcando una terapia de choque definitiva para superar la depresión. Porque sí, son muchas las pistas, y también los vacíos, que deja la cinta para sugerir un diálogo sobre la depresión y la autodestrucción como elementos claves a la hora de entender la repercusión de cualquier trauma, haciendo un fuerte hincapié en el análisis psicológico de su protagonista mediante unos recuerdos en flashes que nos ayudan a comprender la situación de una Natalie Portman presa de sus propios miedos, culpas y pecados autoinfligidos, pero deseosa de enfrentarse a lo desconocido en el pozo de una enfermedad a la que sólo escapan aquellos que consiguen encontrar una razón vital para hacerlo.

En definitiva, Aniquilación es por méritos propios una de las cintas con más personalidad de los últimos años, con una Natalie Portman en la cumbre de su carrera y un Alex Garland dispuesto a establecerse como el nombre de referencia en el cine de ciencia ficción contemporáneo. Una película que, como las mejores obras del séptimo arte, despertará amores y odios a partes iguales, pero que estoy seguro se convertirá en una de esas joyas del género en su vertiente más reflexiva y humana, codeándose de tú a tú con cintas como La Llegada, Madre!, Under the Skin o Enemy, con las que comparte mucha de su magia narrativa, discursiva y visual.

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