Primer largometraje de Celso García
Quizá a alguno pueda sorprender, pero hay mucho cine que no llega a nuestras pantallas. No sólo porque a veces tenga poca distribución y no se proyecte en muchas salas o mucho tiempo. A veces llega directamente a formato doméstico. A veces directamente no llega. En el continente americano hay un país que monopoliza el 90% de los estrenos en salas pero hay muchos países con producción propia de calidad que se queda en el tintero. Eso es casi lo que ha pasado con La delgada línea amarilla, el primer largometraje del mexicano Celso García, que a pesar de contar con un productor como Guillermo del Toro, lleva desde 2015 cosechando premios en circuitos de festivales pero no ha podido ser visto por el público hasta ahora.
La delgada línea amarilla nos habla de cinco vidas que confluyen en una larga carretera. Toño (Damián Alcázar) es un antiguo capataz de obra, que tras una tragedia pierde la esperanza y las ganas de vivir. Su vagabundeo por el país le lleva a volver a las obras, a hacer un encargo simple: Pintar 200 kilómetros de línea discontinua entre dos ciudades en 15 días. Para ese trabajo contará con la ayuda de tres hombres y un joven, todos con una historia personal a sus espaldas. La relación entre Toño y sus compañeros, especialmente con el joven Pablo (Américo Hollander) se irá estrechando a medida que las horas bajo el sol y las noches bajo las estrellas vayan pasando.

La delgada línea amarilla, durmiendo al raso e intercambiando historias
Celso García consigue una cosa en su primer largometraje que no resulta nada fácil: Contar una historia emotiva y entretenida sólo gracias a los personajes. Se podría decir que La delgada línea amarilla sigue una estructura de road-movie (walking-movie más bien). Se trata de un grupo de compañeros de viaje improbables con un destino común, que durante el viaje irán conociendo y estrechando lazos. En ese sentido, el director mexicano atina de lleno. La película va distribuyendo un fino humor y pequeñas tramas para no hacer aburrida una historia que en el fondo consiste en 5 personas andando con una máquina de pintura durante 200 kilómetros. Todos los personajes son tridimensionales y la química funciona a la perfección, haciendo que empatices rápidamente con todos. Damián Alcázar vuelve a firmar una interpretación arrolladora, esta vez metido en el papel de hombre anciano y quemado por la culpa y el resentimiento.
Una película conmovedora y humana, sencilla pero brillante en la técnica. Guillermo del Toro sabe perfectamente quÉ trabajos producir y La delgada línea amarilla es un claro ejemplo.
Director: Celso García.
Reparto: Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Gustavo Sánchez Parra, Silverio Palacios, Américo Hollander, Fernando Becerril.
Estreno: 13 de abril







