El festival sigue su curso sin detenerse ni un momento para dejarte coger aliento. Sin duda, Rebordinos y el resto de organizadores han querido darle al este domingo un sabor muy especial. En este caso, la danza, ofreciendo hasta tres películas con esta temática.

La primera de ellas ha sido Yuli, de Icíar Bollaín, y para muchos una de las favoritas a Concha de Oro. La película de la directora madrileña nos cuenta la vida del bailarín cubano Carlos Acosta, con un mensaje tan poético como sentimental. Danza contemporánea se mezclan con la lucha de este bailarín por hacerse una carrera de éxito en una Cuba hostil. Según la mayoría de los críticos, un trabajo impecable de la directora reforzado ademas con el trabajo de casting de los tres actores que interpretan a Carlos, todos miembros de su propia academia de baile.

Hirokazu Kore-Eda
Hirokazu Kore-Eda recibiendo el Premio Donosti 2018

Pero como viene siendo habitual por la mañanas, nosotros estábamos de entrevistas. Esta vez hemos estado con los dobladores de Smallfoot y salvo Berta Vázquez que no había llegado aún, pudimos hablar con todos. Los actores nos hablaron del mensaje que esta peli aparentemente infantil escondía bajo su superficie. Pero no solo de eso si no también del reto que ha sido el cantar en una película como esta a Alvaro Morte o al El Chojin.

Ayer también fue el día de Hirozaku Kore-Eda. El director japonés estuvo con la prensa por el merecedísimo Premio Donosti del festival. Durante la rueda de prensa, Kore-Eda estuvo animado y hasta divertido, llegando a afirmar que hacía películas sólo para que le siguiesen invitando al Zinemaldia. Por la noche, en la única gala de los tres Premios Donosti que se celebró en el teatro Victoria Eugenia (normalmente se celebran en el inmenso auditorio del Kursaal), el director rompió su formalismo y comenzó a llorar de emoción al recibir su galardón de manos del director del Festival de Cannes, provocando una ovación aún mayor.

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Girl, la fuerza de la identidad

Con una mañana tan ajetreada nos plantamos después de comer para ver la ópera prima del belga Lukas Dhont. En esta ocasión, venía muy animado gracias a su paso en Toronto y me lancé de cabeza por esta Perla. La historia de Dhont gira también alrededor de la danza, concretamente, el ballet. En este caso nos centramos en Lara, una joven de 15 años que desea dedicarse a la danza, mientras tiene que lidiar con los problemas típicos de la adolescencia. Pero el principal problema es que Laura no nació como mujer y el tratamiento para la transición es largo y pesado y tanto su academia como sus amigas la exigen un sobreesfuerzo extremo.

El director belga hace un trabajo magnífico retratando las vicisitudes y problemas por lo que pasa una persona trans durante la adolescencia. Los miedos, el descubrimiento de la sexualidad y las relaciones sociales son fuertes fuentes de conflictos y el personaje de Lara los retrata a la perfección. El trabajo de casting es uno de los puntos más importantes de la película, dejando todo el peso dramático en el joven bailarín y actor Victor Polster. Además del drama del día a día, la película cuenta con una secuencia final potentísima que nos dejó a todos los asistentes del festival pegados a los asientos del Teatro Principal.

Beautiful Boy

Beautiful boy, impotencia reiterada

Beautiful Boy era otra de las grandes esperadas del festival, pero esta vez más por su reparto que por la historia en sí. Timothée Chalamet se encuentra ahora mismo en un estado de gracia como pocos actores y despierta pasiones entre el público más joven después del bombazo que resultó ser Call Me By Your Name. En esta película, junto a otro de esos grandes papeles dramáticos que tan bien borda Steve Carrel, el actor hace un joven de una familia acomodada, que cae irremediablemente en las drogas.

Al igual que muchos de mis compañeros, no sabíamos que esta película adaptaba las memorias del periodista del New Yorker David Scheff. A pesar de ello la película es bastante correcta (salvo un montaje un tanto caótico) y con unas grandes interpretaciones, que además dejan ver lo impotente de la situación de tener un hijo toxicómano. Lo malo es que el mensaje que quiere transmitir es exageradamente obvio, repitiéndolo constantemente con una cadencia tediosa que puede llegar a cansar.

La noche tenía reservada una última película, Dantza, una película vasca sobre danza contemporánea, pero nuestras energías estaban demasiado mermadas y necesitábamos descansar un poco para seguir a bien ritmo.

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