Llegó el ansiado 9 de noviembre. Por decimoquinta vez, la ciudad de Sevilla se viste de gala para acoger en sus salas y durante ocho días a los grandes estandartes del cine europeo. El encargado de dar el pistoletazo de salida a esta primera jornada no era otro que Olivier Assayas, abriendo con su Non-Fiction el camino para un primer día con ligero aire francés en el que pudimos disfrutar de la también gala En Liberté! o de la alemana Styx. Un inicio de festival que no prometía grandes destellos pero que sin embargo ha terminado convirtiéndose en un más que aceptable inicio.

Non-Fiction: Assayas, con humor para lo contemporáneo.

Non-Fiction supone la llegada del Assayas más accesible de los últimos años

Estrenada en el pasado Festival de Venezia, lo último del cineasta francés Olivier Assayas fue recibido con aplausos generalizados a su paso por la isla del Lido. Conocido ya por el publico sevillano tras su visita a la ciudad hace dos años con el drama fantasmal Personal Shopper, Assayas firma aquí una obra que se distancia del drama y el peso emocional de sus dos anteriores obras (la citada Personal Shopper y Viaje a Sils Maria), optando por un tono mucho más ligero y distentido.

Sin lugar a dudas, Non-Fiction supone la llegada del Assayas más accesible de los últimos años, y por qué no decirlo, quizás hasta el más disfrutable. Con un guión repleto hasta las trancas de diálogos, no son pocas las reflexiones que el director nos va dejando a modo de píldoras y distintos pareceres, todos ellos completamente justificados. Con el mundo de la literatura y las editoriales como fondo, Assayas dialoga sobre el papel (y poder) de la crítica como referencia de opinión o del medio digital como inevitable y comprensible continuación a lo físico.

Si alguien brilla por encima de los demás, ese es Vincent Macaigne

Con un ejercicio de escritura sobresaliente en el que vuelve a acercarse a temas recurrentes en sus últimas obras como la cada vez más inesquivable tecnología o la cultura contemporánea, Non-Fiction constituye una dramedia de parejas e infidelidades, redonda en el reflejo de la sociedad actual, y elevada a los altares por unos diálogos por los pasan desde Twitter a Taylor Swift. Una mezcla tan inesperada y densa la del guión que recuerda incluso al mejor Woody Allen, no ya por su estilo humorístico (mucho más accesible y cotidiano que el humor filosófico y elitista del cineasta neoyorkino), sino por la insistencia y capacidad para salir ileso de una aventura casi asfixiante en lo denso de su propuesta. Directo a la memoria del Festival irá ya ese delirante encadenado que realiza Assayas juntando una sala de cine, el episodio VII de Star Wars y hasta a Michael Haneke; para luego referenciar a la propia ciudad de Sevilla, descrita en palabras de Juliette Binoche como «una ciudad con glamour».

El excelente trabajo de Olivier Assayas no sería ni la mitad de lo que es sin el notabilísimo hacer de su reparto, con unos Guillaume Canet y Juliette Binoche igual de notables que siempre; y una Christa Théret que se permite lucirse aun teniendo el personaje más secundario de la cinta. Pero si alguien brilla por encima de los demás, ese es Vincent Macaigne, mostrando de nuevo al genio de la comedia que lleva dentro, clavando con la precisión de un reloj suizo cada punch de diálogo que le regala su personaje.

La entrevista con Assayas

Tras la cinta, y durante unos pocos minutos, pudimos entrevistar al francés Olivier Assayas, que nos dejó las siguientes reflexiones sobre Non-Fiction. A la pregunta de si ese mencionado distanciamiento de sus dos anteriores obras, tanto en forma como en fondo, era un giro planeado y firme para sus próximas cintas, el francés comenta que «realmente, nunca tengo una estrategia de lo que va a ser mi próxima películas. La cuestión habitualmente es reafirmar mi deseo de hacer y encontrar así algo que me haga querer comprometerme en un proyecto que me va a llevar al menos dos años. En este caso, al empezar, ni siquiera supe que iba a ser una comedia. Fue tomando esa forma a través de una serie de diálogos casi minimalistas en los que no hay dramaturgia ninguna».

Le preguntábamos a continuación sobre dónde se situaba él con respecto a las ideas expresadas por sus personajes, perfectamente distanciados entre sí y reflejando casi todos los espectros posibles de los diferentes debates y reflexiones expresadas. Contestaba Olivier Assayas con las siguientes palabras: «Me siento identificado con todos los personajes, y creo que cada uno de ellos realmente representa las distintas maneras en que nos relacionamos con el mundo que nos rodea. En Las horas del verano ya hacía algo parecido. En ella, cada uno de los hermanos representaba una manera distinta de afrontar la herencia. Uno vivía anclado en la nostalgia, otro pretendía deshacerse por completo del pasado y el tercero, el personaje interpretado por Juliette Binoche, que de alguna manera intentaba hacer algo nuevo con lo viejo. A menudo, durante las entrevistas me preguntaban con cual de ellos me identificaba, y al igual que ahora, siempre respondía que me identificaba con todos ellos. Todos tenemos en nosotros una parte nostálgica, una que mira al futuro y una que intenta vivir el presente con su propia historia. Además, soy absolutamente incapaz de hablar sobre un personaje, incluso los más raros y bizarros, con los que no comparta algo, aunque sea una idea».

En Liberté!: Adèle Haenel y el eterno encanto francés.

Una mujer en busca de redención para lo recién descubiertos errores pasados de su fallecido marido, el director tunecino Pierre Salvadori firma esta En liberté!, presentada en la última Quincena de Realizadores del Festival de Cannes. Con la comedia como vía de escape para todo hilo de drama que intenta colarse entre sus costuras, En liberté! funciona especialmente bien en su humor más absurdo, arreglándoselas para convertirse, pese a lo humilde y quizás insustancial de la propuesta, en un pequeño gran crowdpleaser que hará las delicias de aquellos que entren a la sala dispuestos a pasar un buen rato, sin ningún tipo de pretensión superior a ello.

Haenel consigue que la obra no descarrile en ningún momento

Maravillosa Adèle Haenel convencida de ser la columna vertebral que sostiene a la cinta, y cogiendo las riendas de principio a fin; es ella la que consigue que la obra no descarrile en ningún momento, pese a los varios amagos que parecemos intuir mientras la vemos; llegando incluso a tornar En liberté! en un relato que roza la ternura de manera casi instantánea y natural, sin llegar a forzarla en ningún tramo de su metraje.

La gran losa de la película francesa es precisamente aquello que para muchos la hará tan disfrutable y ligera: el hecho de que su propuesta luzca disparatada hasta decir basta, con situaciones totalmente surrealistas aunque inequívocamente un deleite para quienes gusten de un humor negro, directo y a veces inesperado.

Styx: supervivencia moral, con pulso lento.

Styx se hace de rogar con un arranque excesivamente pesado

Lanzada en la sección Panorama del último Festival de Berlín, Styx es un drama alemán con la mira puesta en los conflictos morales y éticos a los que se puede ver expuesta una persona en situaciones de extrema urgencia. Con prácticamente dos personajes relevantes en su trama, y la aparición de un barco de refugiados a la deriva en medio del mar, la cinta dirigida por Wolfgang Fischer se desenvuelve con llamativa parsimonia y haciendo hincapié en ese peso psicológico de las decisiones a tomar.

Construida de manera firme, seria y sin grandes artilugios en su lenguaje cinematográfico, Styx se hace de rogar con un arranque excesivamente pesado que pese a encajar en su longitud, no termina de enganchar al espectador de cara al futuro de la propuesta, complicando cualquier intento de profundización en el tramo central de la cinta.

Un ejercicio que puede resultar atractivo para aquellos que gusten de dramas repletos de silencios

Son la fotografía y la convicción ciega en ese lenguaje visual tan formal y pausado al que no abandona en ningún momento, las que consiguen que la propuesta se salve de ser un fracaso, sacando a flote un drama grande en sus aspiraciones temáticas pero pequeño y contenido en su construcción.

Un ejercicio que puede resultar atractivo para aquellos que gusten de dramas repletos de silencios y con momentos de tensión más fríos que enérgicos; pero que para quien vaya buscando un drama al uso, puede resultar cansado.

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