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Entrevista con Maider Fernández, directora de Las letras de Jordi

La directora donostiarra Maider Fernández Iriarte estrena este viernes 13 de marzo su primer largometraje documental Las letras de Jordi. En Moobys hemos hablado con ella y nos ha contado todo sobre su nuevo proyecto.

Moobys ¿Cómo conociste a Jordi y cómo surge la idea de realizar el documental? ¿Cambió la idea principal a lo largo de las grabaciones? 

Maider Fernández: Yo conocí a Jordi porque estaba investigando entorno al Santuario de Lourdes, quería hacer algo relacionado con ese santuario que no tenía nada que ver con la película que hice al final. Creo que ahí está lo interesante del documental también, que exista algo que te mueve, que hace que la película avance y sobretodo que vas descubriendo sobre la marcha por donde tira.

A mi lo que me acercó a Jordi fue querer conocer su relación con la fe en Dios, pero al final en la película esto queda en un segundo plano, importa más la relación entre dos personas que no se conocen y la limitación para comunicarse de una de ellas y la comunicación en sí es el centro de la película. La película se fue construyendo, no había una idea preconcebida.

¿Cuánto tiempo ha llevado hacer la película? 

M.F: El proceso no puede ser comprendido quizás como habitual: tienes una idea, haces el guión, grabas … Yo iba filmando y escribiendo a la vez y llegó un momento que después de haber grabado parte de las conversaciones con Jordi decidí montar con Virginia García del Pino un primer fragmento y ahí ya decidimos qué cosas necesitaba la película que fueran filmadas.

En el montaje se iba escribiendo la película y todo este proceso de filmar, parar, montar, escribir duró más o menos dos años pero con muchos parones. Tardamos un mes y medio en montar y filmar unos seis meses.

«Lo que me acercó a Jordi fue querer conocer su relación con la fe en Dios»

¿Cómo ha sido trabajar con Jordi? 

M.F: Él ha sido muy generoso. Desde el primer momento no puso ninguna traba, tenía mucho interés en participar. Lo interesante también quizás es como se iban soltando las barreras con el tiempo, según nos íbamos conociendo, como yo me atrevía a preguntarle cosas, quitándome ciertos pudores y generando una relación de más confianza. Tampoco sabíamos ninguno de los dos que esta película iba a estrenarse en salas, tuve la suerte de recibir varias ayudas y poder hacerla de una forma bastante inocente, gracias a eso es como es.

Como has comentado antes, en el documental podemos ver el interés por Lourdes pero por tu parte no hay una vinculación espiritual. Hay escenas que reflejan muy bien la fe con el juego de elementos y de luces, ¿cuál era el propósito final de las filmaciones en el santuario?

M.F: Yo quería conocer esta experiencia de fe de alguna persona creyente porque yo no lo soy pero una vez viví algo muy fuerte e inesperado alrededor de la muerte de mi abuela. En vez de sentir solo tristeza sentí mucho amor. Pensé: la gente que tenga fe de verdad ha tenido que sentir algo parecido alguna vez. Me entró esa obsesión por conocer la fe de alguien.

En la parte de Lourdes, en la propia película sirve como un momento de calma, hay interés en mostrar como Jordi conecta con ese espacio y bueno, la noche, la oscuridad, las luces … sirven para generar una especie de silencio que hace que vivas la película desde otro punto

La cinta acaba centrándose más en la amistad que se estaba forjando entre los dos, ¿cómo te has sentido tú formando parte de esto? 

M.F: Me sorprendió. Lo fui viviendo según iba filmando y viendo el material en casa, preste atención a los momentos en que yo me adelanto a él para hacer más ligera la conversación pero al final la entorpezco o en el momento en el que falta una letra en la tabla y él no puede comunicarse…

Empecé a comprender la importancia que tenía la comunicación en la película y el potencial que tenía porque también conectaba un poco con el hecho de que Jordi cree en Dios, bueno, no sé si cree en Dios por eso o no pero al final la única forma de comunicarse de forma fluida es con Dios, porque no necesita de un cuerpo físico, es una conexión. Sin embargo en lo terrenal no sucede eso, me interesaban mucho estas comunicaciones que se iban dando en la película.

Es muy grato también descubrir que hay algo que te lleva a acercarte a alguien y ese encuentro genera otra película.

«Me entró esa obsesión por conocer la fe de alguien»

¿Qué consideras que ha sido lo más difícil de proceso? ¿En algún momento dudaste? 

M.F: Sí, creo que eso pasa siempre. Según iba haciendo la película participada en encuentros donde la gente te daba feedback y a veces eso es bueno, pero a veces puede ser contraproducente. Se generan ciertas inseguridades, es complicado, diferentes cosas afectaron a que yo pensara si estaba yendo por el camino adecuado, a veces puede ser el miedo.

Es muy frágil estar haciendo una primera película de estas características: un documental con una persona con parálisis, podía haber muchos prejuicios. También estás pendiente de las tendencias y tú quieres que la película guste, eso puede hacer que te plantees la película, querer hacer quizás planos más estéticos…

Considero que la belleza estética está sobre valorada pero sin embargo te genera inseguridad. Estas filmando con tu cámara, de una manera a veces un poco precaria, estás más pendiente de la conversación con él que de la manera de filmar. Este tipo de cosas hacían que pensara ‘igual esta peli no se la come nadie’, pero hice un ejercicio conmigo misma y traté de ser honesta, de ver lo que yo quería, de tener un compromiso conmigo misma. También hubo un momento en el montaje que pensé que la película igual no iba a ninguna parte, pero al final no hubo que cambiar nada.

No esperaba que tu aparecieras en la cinta, ¿lo tenías claro desde el principio?

M.F: En mis trabajos previos a veces pongo voz o salgo en imagen. Siempre he trabajado con gente cercana, con mi familia. Excepto en una película, en las demás siempre es como muy autorreferencial y quería huir un poco de eso pero según iba el material, había un rechazo por mi parte y quería evitarlo pero la película lo pedía. Viendo el material con Virginia me dijo: ¿Tú tienes claro que vas a salir en la peli, no?

En un principio no quería pero lo acepto porque al final la película es sobre una relación de amistad y sobre la comunicación y al final para eso inevitablemente yo tenía que estar ahí.

¿Cuál era el objetivo de ‘Las letras de Jordi’?

M.F: Realmente creo que no hay un objetivo claro y nunca lo hubo. En general las películas que me interesan son un poco así, simplemente fue para mi una experiencia súper interesante a nivel personal y como directora. Creo que si te marcas un objetivo es muy lineal la película y los matices desaparecen y es un filme que muestra un momento de la vida de Jordi que se cruzó con la mía.

Si que creo que habla de cómo nos acercamos a los otros, de la comunicación, de la perseverancia de comunicarse a pesar de las limitaciones. Existen ciertas capas ahí. De la hipocresía a la hora de relacionarnos con ciertas personas, puede ser desde no hacerles caso, protegerlas demasiado y yo he tratado de filmarlo con respeto y reconociendo mis limitaciones desde el desconocimiento hacia la parálisis.

«Realmente creo que no hay un objetivo claro y nunca lo hubo»

¿Ha visto Jordi el documental? ¿Sigues teniendo relación con él? 

M.F: Jordi fue de los primeros en ver la peli incluso antes de que se mostrará en San Sebastián. Sí seguimos teniendo relación. No nos vemos tanto porque al final es complicado pero tenemos contacto por correo. Me va a acompañar en Barcelona al estreno en la sala de cine. Hubo un pase en el Festival L’Alternativa en Barcelona que vino y fue brutal.

¿Qué crees que ha supuesto para Las letras de Jordi el paso por el Festival de San Sebastián? ¿Crees que gracias a eso ha tenido más visibilidad de la que esperabas? 

M.F: Para mi que la seleccionarán en San Sebastián fue increíble. Yo soy de allí y fue una maravilla poder enseñarla en una sala grande, llena de gente, estreno internacional en pantalla grande y con gente conocida, me emocionó. A nivel práctico es muy importante, le da sello a una película como esta que es pequeña, genera cierto interés en otros festivales gracias a que lo ha mostrado San Sebastián.

Después de Las letras de Jordi, ¿qué más proyectos tiene Maider Fernández

M.F: A raíz de esta investigación en Lourdes conocí a un médico que era parte del Comité Médico Internacional de Lourdes y este comité se dedica a analizar los casos de curación espontáneos dentro del santuario y quiero hacer un documental alrededor de esto. Lo quiero grabar este año aprovechando que nos han dado varias ayudas y también estoy junto con dos amigos cineastas, Aldemar Matías y Laura Herrero Garvín, realizando una especie de película taller en un instituto con adolescentes. Queremos explorar la forma en la que ellos se perciben y se conciben.

Para finalizar y aprovechando la reciente celebración del 8 de marzo, ¿cómo viven las mujeres que dirigen y producen en un sector que aún parece ser de hombres? ¿Cómo te has sentido tú en ese mundo? 

M.F: Por ejemplo, lo primero que se me ha venido a la cabeza, cuando rodaba en Lourdes nadie pensaba que yo fuera la directora de la película. Siempre preguntaban al cámara que era un chico alto, grande, con una voz potente… Le preguntaban a él: ¿Oye cuando vamos a graba esto? Y él tenía que decir que me preguntaran a mí que era la directora y se sorprendían de ver a una chica bajita y joven dirigiendo la situación.

Es verdad que no se concibe en el imaginario social y de todos tanto que las mujeres dirijan y también que haya otro tipo de películas. Hay cada vez más políticas que a través de las cuotas ayudan a que la presencia de la mujer aumente pero creo que ya no es solo relacionarlo con que haya más mujeres dirigiendo sino que haya también más variedad de películas y de tipos de cine y que estos tipos de cine tengan más acceso a los públicos generales.

Yo sé que esta película que yo he hecho no la va a ver mucha gente. No la va a ver mucha gente porque no tiene un aparato publicitario de una superproducción, tiene otro ritmo. Pero estoy segura de que si la sala se llenara de gente que acude al cine a ver cualquier otra cosa le puede interesar e incluso gustar. La dificultad también está en el acceso a los públicos, hay que defender otro tipo de cine, cuidarlo y ayudarlo.

En mi entorno somos muchas mujeres que hacemos este cine que quizás no es tan comercial pero nos sale de manera genuina, no quiere decir que no vayamos a hacer superproducciones, quizás necesitamos esas cuotas o apoyos. Hay una falta de referentes, hay una serie de circunstancias que hace que esto sea así. Toda ayuda institucional es buena para que cada vez haya más mujeres. Plantearía, ¿podemos hacer las cosas de otra manera?

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