Let Fucking Lope entertain you

Lope de Vega fue, es y será una de las figuras más irreverentes de la historia de España, con una fama respaldada por su vida personal que precede incluso a su gran obra como dramaturgo. Don Lope Félix de Vega y Carpio fue, en resumidas cuentas, ‘una jodida estrella del rock‘ -como diría el gran Lemmy Kilmister-, ya sea por su pasional trayectoria o por su idilio con la tragedia cotidiana. Una vida que el grupo de teatro Grumelot, en colaboración con Nave 73 consiguió dar forma en Fucking Lope, de una manera peculiar con dos únicas funciones, en una obra que recogía la biografía sentimental del dramaturgo, escrita por Carlota Gaviño e Iñigo Rodríguez-Claro.

 

La premisa de Fucking Lope queda muy clara ya desde el título. El ‘puto’ Lope de Vega, aquel genio y rey del libertinaje que, lejos de ser un incomprendido, consiguió meterse a su público en el bolsillo con cualquiera de sus creaciones. La historia de una figura que daba rabia por su forma de vivir la vida, contada a través del desdén y perfectamente llevado por las siete mujeres -y tremendas actrices- que marcaron su vida, acompañadas de cuatro Lopes perfectamente equilibrados en un polémico espectáculo de dos horas.

Fucking Lope
Fotografía: Daniel Jaén.
El grupo Grumelot, con un intenso trabajo detrás, consigue de manera sorprendente un biopic a la altura de la figura del infame dramaturgo por excelencia; una pieza que sabe mezclar el Let me entertain you de Robbie Williams con el ¡Ay que me río de amor! de Tirso de Molina sin fracasar en el intento. Y es que ese es uno de sus puntos fuertes: Lejos de toda convención, la ruptura de la cuarta pared y la música en directo marcan la diferencia en la anacrónica Fucking Lope, que consigue proclamarse como una re-interpretación intensa de la vida del dramaturgo que representa perfectamente su pena y gloria que, pese a sus reveses, nunca le permitió perder las ganas de vivir.
Fucking Lope es, en definitiva, una apuesta arriesgada que triunfa en escena y que sobresale en interpretación y escenografía, pero que, sobretodo, consigue lo impensable: El empatizar con aquel genio canalla del Siglo de Oro. Destilando sensualidad, amor, polémica, desdicha, arte y literatura por sus cuatro costados, Grumelot ataca bravamente todas las emociones del espectador dejándonos conocer a alguien de hace 462 años como si viviese en nuestra propia época: Al puto Lope de Vega.

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