Ser mujer en un mundo de hombres

La 32º edición de los Premios Goya se vaticinaba como la más feminista de la historia de la gran noche del cine español, pero escrita, presentada y dirigida por hombres. Las alfombras rojas simulan haber cambiado: mujeres del cine y de la música han alzado la voz sobre los abusos de poder, sexuales y la desigualdad, pero detrás de lo visible, existe una realidad muy distinta.

Las mujeres no tienen ningún papel trascendental en la organización y solo representan el 27% de los nominados. Estiu 1993, la ópera prima de Carla Simón y La Librería, de Isabel Coixet, hacen dos de las cinco nominaciones a mejor película, pero en la edición en la que lideraban las mujeres, la cifra sigue sin rozar la igualdad.

La lacra de los Premios Goya

Los Goya son la debacle para quien se arma de valor para presentar la gala. Como Manuel Jabois, he visto “a las mejores mentes” de su “generación destruidas por los Goya”. La Academia tiene la capacidad de convertir en cenizas a los insensatos que se aventuran a subirse al escenario. A los mejores también. Entre la falta de ritmo, el humor tan particular de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla y las bromas con supuestos ‘whatsapps’ emulando Perfectos desconocidos, el dúo cómico no supo amenizar la entrega de premios.

Reivindicar la presencia de la mujer en el cine en una gala liderada no por uno, sino por dos hombres, resulta irónico. Leticia Dolera no se mantuvo al margen: “os está quedando la gala muy bien. Un campo de nabos feminista precioso”. Las frases feministas en el guion eran prácticamente inexistentes, y el monólogo de La Terremoto de Alcorcón se relegó a la recta final de la noche, cuando la inmensa mayoría de los espectadores estaba deseando irse a dormir.

Goya

Excentricidades académicas y filias demoledoras

Pero anoche Goya fue una mujer de los pies a la cabeza. Inexplicablemente, Isabel Coixet siguió acumulando estatuillas, entre ellas, mejor dirección y mejor película por La Librería -un premio que le pertenecía indudablemente a El Autor-. La trayectoria de la magnífica Adelfa Calvo le arrebató el premio a Belén Cuesta por el papel de su vida.

Sin embargo, la Academia tiende a premiar con retraso a los diferentes artistas y cuando lo hace, intervienen más factores que su trabajo en la categoría en la que se les ha nominado. Por eso a David Verdaguer le hicieron mejor actor de reparto anoche por su papelón en 10.000 km (2015). Quizá en un par de años José Mota reciba el suyo por Abracadabra.

Bruna Cusí y el hombre de las mil caras, Javier Gutiérrez sí fueron recompensados por su interpretación magistral en Estiu 1993 y El Autor respectivamente.

Handia sedujo a la Academia y se alzó con 10 premios, entre ellos, actor revelación (excepcional Eneko Sagardoy), guion original y maquillaje y peluquería, que le correspondía indiscutiblemente a las Pieles de Eduardo Casanova.

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