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Y un año más, llegó por fin la gran fiesta del cine español. Los Premios Goya 2017 venían tras una temporada llena de polémicas a sus espaldas. Peticiones de boicot a la gala entre hashtags de redes sociales, declaraciones de un presidente del gobierno que reconoce no haber visto ninguna película nominada (y que parece estar muy ocupado para asistir siquiera a la gala, cosa que sí hicieron los principales líderes de la oposición) y reivindicaciones sobre un problema incomprensible que ya se alarga demasiado, la poca representación de la mujer en el cine español.

Por simple matemática, Un monstruo viene a verme de Juan Antonio Bayona partía como favorita gracias a sus 12 nominaciones. Pero como el cine no es una ecuación, la realidad era otra. Tras una temporada de premios repleta de victorias, Tarde para la ira, el debut en la dirección de Raúl Arévalo, se colocaba a la cabeza de todas las quinielas con sus 11 nominaciones. Con el mismo número de candidaturas, Alberto Rodríguez volvía con El hombre de las mil caras a la gala que hace dos años le encumbró como uno de los mejores directores vivos de nuestro país. Algo más alejada llegaba con 7 nominaciones la Julieta de Almodóvar, con más de ocho meses de camino desde que se presentase en Cannes. Y con 6 nominaciones partía Que Dios nos perdone, la segunda película de un Rodrigo Sorogoyen que venía dispuesto a dar la sorpresa tras irrumpir en el panorama cinematográfico de nuestro país hace 3 años con Stockholm y confirmándose ya como uno de los directores con mayor proyección nacional.

 

goya 2017

Y con este panorama, dio comienzo la trigésima primera gala de los Premios Goya. Por tercer año consecutivo, Dani Rovira fue el encargado de amenizar y conducir una ceremonia marcada esta vez por la novedad de contar con música en directo de la Film Symphony Orchestra. Como todos los años, en el monólogo inicial y a lo largo de la noche, el cómico se encargó de repartir estopa a nominados, académicos, políticos y todo el que pasaba por allí. Además dedicó unos minutos para reivindicar el papel de la mujer en el cine español, pidiendo más papeles femeninos y más películas dirigidas por ellas, en un más que comentado paseo en tacones. Los mejores momentos de la gala llegaron cuando el presentador parecía saltarse el guión y soltar perlitas a los invitados como «Que buena Psicosis, eh» a un Agustín Almodóvar que parecía caracterizado como el mismísimo Hitchcock o un «¿cómo se ve la gala en 3D?» a Pedro Almodóvar y sus eternas gafas oscuras.

Pasamos a lo importante, los premios. En los cortos, Timecode se hacía con el premio a mejor cortometraje de ficción. Al cortometraje de Juanjo Giménez aún le queda una gran cita con las galas de premios el próximo día 26 de febrero en la ciudad de Los Angeles, donde aspirará a convertirse en el primer cortometraje español en ganar el Oscar. Por su parte, Cabezas habladoras conseguía el de mejor cortometraje documental, mientras que Decorado se hacía con el premio a mejor cortometraje de animación. Su director, Alberto Vázquez, completaría pocos minutos después la que sería una noche perfecta con el premio a mejor película de animación para su Psiconautas, convirtiéndose así en el primer director que consigue ganar ambos premios en la misma noche. El premio a mejor película documental fue para Frágil equilibrio, el film cimentado sobre las palabras del ex-presidente uruguayo Pepe Mujica.

El Goya a mejor película iberoamericana fue por decimoséptima vez para Argentina y su El ciudadano ilustre y la mejor película europea fue a parar para Elle, la cinta de Paul Verhoeven protagonizada por Isabelle Huppert.

En los apartados técnicos, la película de J.A. Bayona, Un monstruo viene a verme arrasó en todas y cada una de las categorías a las que estaba nominada, amasando 8 premios Goya de una tacada. Mejor dirección de fotografía para Oscar Faura, mejor dirección artística para Eugenio Caballero, mejor maquillaje y peluquería para David Martí, mejor dirección de producción para Pilar Robla, mejores efectos especiales para Félix Bergés y Pau Costa, mejor sonido para Marc Orts, Oriol Tarragó y Peter Glossop, mejor música original para Fernando Velázquez y mejor montaje para Bernard Villaplana. El premio a mejor canción original fue para Ay ay ay de la película Cerca de tu casa.

Pasando a las categorías de actores, los premios estuvieron bastante más repartidos. El premio a mejor actor revelación fue para Carlos Santos por El hombre de las mil caras y en mejor actriz revelación, Anna Castillo dio la sorpresa con su papel en El Olivo de Icíar Bollaín, quitándole el galardón a la que se presentaba como una de las ganadoras seguras de la noche tras su paso casi perfecto por la temporada de premios, Ruth Díaz.

El premio a mejor actor de reparto fue para Manolo Solo por su papel de «el Triana» en Tarde para la ira. Un auténtico robaescenas que hace de sus 5 minutos de actuación una de las mejores secuencias del año. Ya era hora de que se reconociera el talento del actor sevillano.

Los premios de mejor actriz de reparto y mejor actriz fueron, contra todo pronóstico, para la misma mujer. Emma Suárez se hizo con su segundo y tercer Goya, tras el conseguido hace veinte años por El perro del hortelano, por sus papeles en La próxima piel y Julieta, respectivamente. La primera actriz (y hasta ahora única) en conseguir hacer este doblete en una misma gala fue Verónica Forqué, quien en 1988 lo hiciese con Moros y cristianos y La vida alegre. En mejor actor no hubo lugar a sorpresas. Roberto Álamo se hizo con su segundo Goya por Que Dios nos perdone, tras el obtenido en 2013 por La gran familia española.

Llegando ya a los premios principales, Raúl Arévalo certificó su condición de favorito haciéndose con el Goya a mejor dirección novel por su debut en Tarde para la ira. Posteriormente, y junto a David Pulido, se haría también con el de mejor guión original. El Goya a mejor guión adaptado iría a parar a las manos de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, repitiendo galardón dos años después de aquella Isla mínima con la que se hicieron enormes, dejando su huella en la historia del cine español y llevándose de vuelta 10 premios Goya para Sevilla, a la que hace unos días el propio Cobos definía en una entrevista como «esa pequeña Galia, donde somos unos desconocidos y vivimos alejados de todo».

Y tras todo lo vivido en la gala, con los múltiples premios técnicos acumulados para Un monstruo viene a verme, los destellos en forma de premios puntuales de Tarde para la ira, y la continua presencia en nominaciones de El hombre de las mil caras, llegaban los dos premios principales de la noche. Mejor director y mejor película.

Por el primero, uno de los más abiertos de la noche, peleaban Juan Antonio Bayona, Alberto Rodríguez (ganador en 2015 por La isla mínima), Pedro Almodóvar (ganador en el año 2000 por Todo sobre mi madre y en el 2007 por Volver) y Rodrigo Sorogoyen, el único de los cuatro nominados que aún no sabe lo que es hacerse con el galardón a mejor director. Finalmente, J.A. Bayona consiguió su tercera victoria en los Premios Goya, tras ganar en 2013 por Lo imposible y en 2008 por El orfanato (a mejor dirección novel). Tres películas en su currículum y tres reconocimientos por parte de la Academia de Cine española. Pero sin embargo, y también por tercera vez consecutiva, no tuvo tanta suerte la misma suerte en la categoría reina.

El premio a mejor película fue para el thriller patrio por excelencia de este año, Tarde para la ira. La película dirigida por Raúl Arévalo y protagonizada por Antonio de la Torre, Luis Callejo y Ruth Díaz se alzaba de esta manera con el galardón más importante de la noche. Una película que a pesar de llevar escrita más de ocho años, toma el género más fructífero de nuestro país en los últimos tiempos, el thriller, y beber de los más recientes ejemplos del mismo, llevándolos hasta el extremo más puro de la venganza. Arévalo se aleja del esteticismo y la perfección visual, buscando un film sucio y violento, que consigue lo más difícil, hacerse real entre pisos humildes, calles de barrio, moteles de carretera y casas abandonadas en pueblos. Se nota descaradamente la gran suerte que ha tenido como actor, trabajando con los mejores directores de nuestro país, y captando lo mejor de cada uno de ellos. Si esto lo ha hecho a la primera, qué ganas de ver lo que es capaz de hacer a partir de ahora. Hay director para rato con Raúl Arévalo.

Un monstruo viene a verme se fue a casa con 9 premios, Tarde para la ira con 4, El hombre de las mil caras con 2 y con un Goya se quedaron Que Dios nos perdone, Julieta, La próxima piel, El olivo y Cerca de tu casa.

En definitiva, una noche para la ira de Arévalo en la que nadie se fue de vacío y en la que el monstruo de Bayona volvió a demostrar que su capacidad para hacer llorar a los académicos surte efecto, sí, pero hasta el momento en que tuvieron que votar a la mejor película. Ahí, como a todos nosotros, la ira le pudo a las lágrimas. Y bendita ira la de Arévalo…

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